8. No me molesta

La brisa citadina de Nueva York acariciaba mi cabello de manera juguetona. Sujetaba mi copa de champán, sonriendo mientras miraba la ciudad a mis pies. Desde el Rainbow Room en el Rockefeller Center, todo parecía insignificante.

Lujo, belleza y un ambiente elegante. El atardecer, en ese lugar, parecía más mágico de lo normal.

En condiciones normales, una persona de mi calibre no podría entrar… pero hoy, lo ameritaba.

Le daba un suave sorbo a mi copa, triunfante por lo que podía decir. Me giré levemente, dándole la espalda a la ciudad para ver la gran pantalla con mi diseño.

Aún no podía creerlo.

Nos habían citado a todas las compañías de arquitectura que habían participado en el trabajo en Alemania. Arquitectos con experiencia, universidades tan caras… y yo… gané.

Mi diseño fue el ganador entre tantas compañías, no solo en Nueva York sino en el mundo. Fue innovador en el sentido de que daba un aire futurista, imponente y elegante. El complejo de tiendas sería uno de los más ambiciosos.

—¡Allí estás! —un leve chillido emocionado me hizo girarme. Mérida abrazó mi brazo sonriendo.

—Ya pensé que te ocultabas como un conejito asustada por todos estos lobos —Daniela sonrió de manera juguetona, levantando su copa.

—No creo que se esconda, es su día —levanté la copa con orgullo latente—. Felicidades, Katherine Lionheart.

—Gracias, chicos.

—No tienes que agradecer, chica. Gracias a ti pude tener una buena excusa para comprar un vestido costoso —Daniela se giró ligeramente—. Tal vez así llamo la atención de algún millonario.

—Daniela, ¿puedes dejar de pensar en los hombres por alguna vez? —Mérida hizo una mueca, luego posó su mirada inquisitoria en mí—. Ahora, Katherine, ¿ya usaste tu nombre?

Desvié la mirada unos segundos a la enorme jungla de metal. Vivía en una de las ciudades más reconocidas por sus rascacielos, que parecían competir por llegar lo más lejos posible.

—No, sigo usando mi seudónimo.

Daniela ladeó la cabeza en desaprobación, aunque Anthony solo dejó escapar una suave risa.

—Katherine, eres increíble y lo sabes. Has ganado competencias internacionales y ni siquiera saben que fuiste tú, al menos que lo digas.

Posé mi mirada en mi copa. A pesar de que adoraba ganar, no quería tener a miles de personas encima de mí. Adoraba mi vida tranquila, sin complicaciones, donde solo yo era importante.

—Aunque lo dijera, al final la empresa se lleva el reconocimiento.

—Sí, eso y Anthony —Daniela apuntó con la cabeza—. Al ser el líder, todo cae en él como reconocimiento de equipo.

Anthony solo suspiró. Me observó con detenimiento, con ese aire de hermano protector. Siempre parecía querer saber más de mi vida para ayudarme, como hacía con las otras chicas.

—No me molesta —dije finalmente, encogiéndome de hombros—. Es suficiente para mí que mis trabajos sean reconocidos por otros.

—Aun así —dijo finalmente con la calma que lo caracterizaba—, siempre he pensado que eres una de las mejores arquitectas que conozco, y créeme, yo conozco a muchos.

Anthony era de esos que daban un aire de secretismo extremo. A pesar de que todas nos quejábamos de nuestros cheques, él parecía más que tranquilo. Siempre era reconocido por personas de renombre, y él solo decía que los conocía de la universidad.

—Ya les dije que no me molesta. Me sirve que eso le dé un poco de reconocimiento a nuestra pequeña casa.

Así llamaba a esa empresa que me recibió sin nada.

En silencio, me volteé de nuevo mirándome por los cristales del enorme ventanal. En ellos vi a una mujer más madura, de unos veinticinco años. Mi porte era más maduro y distinto al de la universitaria de años atrás que sufría para buscar dinero. Mi cabello, que antes estaba en mis hombros, ya llegaba a mi cintura: más largo, cuidado, aquel que relataba el paso del tiempo en silencio. Pero sobre todo… el cambio más notorio…

Era mi mirada fría.

—Por cierto —Daniela interrumpió mis pensamientos—. Adivinen, tengo el mejor chisme de todos, me adorarán por saberlo.

—Depende, ¿cómo lo conseguiste? —Mérida entrecerró los ojos.

—Muy probablemente escuchando detrás de una puerta —Anthony agregó con calma, dándole un sorbo a su copa.

Daniela solo respondió sacando la lengua, sonriendo de manera alegre.

—En mi defensa, el tonto de nuestro jefe estaba hablando muy fuerte porque pensó que ya nos habíamos ido —nos regaló un guiño pícaro—. Escuché que por fin el inepto de nuestro jefe va a vender la empresa.

—¿Comprarla? —Mérida miró con algo de preocupación—. ¿Crees que nos despidan?

—Dudo que lo hagan —Anthony le dio un sorbo a su copa—. Esta compañía nuestra está viviendo de milagro. Sería una pérdida que nos despidieran para contratar a otros arquitectos; perderían más dinero trayendo personas nuevas que manteniéndonos.

—Tienes razón en eso —Mérida asintió alegre—. Me alegra que al menos podamos quedarnos juntos —sus ojos se posaron en Daniela—. Al menos… ¿pudiste saber quién piensa comprarnos?

—No dijo el nombre, solo que era una empresa europea. Lo escuché regocijándose cuando terminó la llamada al hablar con uno de sus amigos.

—Todo suena demasiado bueno para ser verdad —Mérida chasqueó los labios—. Esto no me gusta.

—Miremos el lado positivo, chicos. Alguien en Europa vio alguno de nuestros trabajos y reconoció que somos un buen equipo. Todos nosotros hemos ganado alguna que otra competencia y era de esperarse que alguien quisiera darle un nuevo aire a nuestra compañía.

Los cuatro nos mantuvimos hablando, hasta que escuché mi nombre. Me giré lentamente viéndolo acercarse. Traje elegante. Sonrisa encantadora… y en su mano, unas rosas rosas. Al acercarse, me sonrió con picardía.

—Katherine, qué bueno que te encontré antes de irte.

—Jeremy, ¿acaso me buscabas?

—Por supuesto —me entregó las rosas, sonriendo—. Me agrada ser conocido de la famosa arquitecta Artemis Laurent.

Dejé escapar una leve sonrisa oliendo las flores. Él era de los pocos que sabían mi pequeño secreto. Me miró fijamente, dedicándome una gran sonrisa. Siempre aparecía esporádicamente en mi vida como amistad. Por eso me sentí cómoda al pedirle que me ayudara con mi divorcio. Deseaba pagarle, pero lo hizo gratis como un regalo entre amigos, según él. Después de eso, a veces aparecía en nuestra compañía trayéndome algún postre o algunas flores.

—¿Piensan celebrar? —preguntó Jeremy, mirándonos a todos.

—Por supuesto —Daniela movió su cuerpo de manera alegre—. Hora de movernos a la disco.

—Claro que no —interrumpí con una mueca—. Debo visitar a mi hermana Leila y al abuelo. Ya sabes, cosas de familia.

Jeremy asintió. Cuando iba a decir algo, fue llamado por teléfono, así que tras disculparse se fue. Los cuatro lo seguimos con la mirada, siendo Anthony el que rompió el silencio.

—Ese hombre no pierde tiempo —dijo en tono de broma.

—En eso tienes razón —Daniela se rió levemente—. Técnicamente esperó a que te divorciaras para pretenderte.

—Chicos, solo somos amigos.

—¿Amigos? Lo he visto a él pretenderte más que tu exesposo —Mérida ladeó la cabeza lentamente—. Mira el lado positivo: es rico, atractivo, se nota que le gustas, y parece amable.

—Además parece que tiene tremendo paquete —Daniela agregó.

Todos la miramos, y ella de manera juguetona aclaró:

—Paquetes de leyes, ¿recuerdan el enorme paquete que trajo hace una semana cuando te visitaba?

—No lo recuerdo.

—Yo sí, fue el día que te invitó a salir, ¿no? —Anthony miró al techo como si eso ayudara a recordar.

—Chicos, dejen de emparejarnos. Somos amigos, solo eso.

—Por ahora —agregó Mérida con una sonrisa.

Ignoré sus comentarios. Mi teléfono sonó con algunas notificaciones que revisé: correos de varias empresas de renombre que me buscaban. Parpadeé un poco, pues recordé que solo había aplicado en dos, y en mi buzón había más de diez compañías.

—Oh, vaya… Katherine… yo conozco esa empresa… La Lightny Association es una de las más cotizadas.

Miré de reojo a Daniela, quien leyó mi teléfono. Los tres me miraron, y se sintió un cambio brutal en el ambiente.

—Es una buena empresa para arquitectos, Katherine —Anthony habló con calma—. ¿Te irás con ellos?

Era una oportunidad de oro. Me alegraba que me consideraran como trabajadora, pero por ahora quería crear mis propias opciones.

—No me iré —dije con firmeza—. Aún no, quiero estar con ustedes. Además, si me voy, a Anthony le dará una embolia con ustedes dos cuando se ponen a revisar páginas de compras en vez de trabajar.

Ambos reímos. Tras unos momentos, como si Mérida se acordara, sacó unos sobres de su cartera donde había cuatro boletos.

—Tenemos que celebrar de algún modo, así que lo haremos así.

—Mérida, hoy no puedo…

—Es para mañana —ella agitó los boletos—. Al parecer, la fiesta es por la celebración donde invitaron a los arquitectos que trabajamos en la competencia y a muchísimas empresas. Es una mascarada y será mañana.

Dudé un poco, pero Anthony, la voz de la razón, dijo:

—Bueno, parece divertido. Además, es probable que fuimos invitados por ti, Katherine.

—Así es —Daniela bufó en broma—. No podemos aparecernos allí sin la persona que nos regaló el pase… vamos… necesito ver si puedo conseguir un novio de allí.

No estuve muy segura, pero al final asentí. Parecía una buena manera de distraerme. Usualmente, no salía; solo trabajaba e iba a mi apartamento a ver mis series en N*****x… A pesar de que solo era una fiesta, ¿por qué tenía el presentimiento de que algo iba a pasar?

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Elvira Portillocuando Oliver sepa quién eres Katherine quedará muy sorprendido, y seguro en la vista lo volverás a ver
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