Mundo ficciónIniciar sesiónLaila creyó haber encontrado el amor perfecto en Enzo: un hombre que la hacía sentir especial, que le regaló un consultorio y un paraíso con vista al mar. Pero detrás de los besos apasionados y las promesas, empezaron los celos, las puertas cerradas, las preguntas constantes y las mentiras que ella misma se contaba para sobrevivir. Cada paciente que atendía era un espejo de su propia vida: mujeres que decían “exagero”, “me caí por las escaleras”, “él me ama demasiado”. Poco a poco, Laila entendió que no estaba loca… la volvían loca. Y cuando el control se volvió insoportable, decidió que ya no iba a correr solo en su mente. Un thriller psicológico que denuncia cómo el abuso emocional fabrica la duda, el silencio y la culpa… hasta que una mujer decide romper el ciclo.
Leer másA la mañana siguiente, el ambiente en la casa era denso, casi irrespirable.Enzo apenas había dormido. Tenía ojeras profundas y no dejaba de mirarme de reojo mientras desayunábamos. Carla, como siempre, fingía ser la perfecta amiga preocupada. Preparó café para todos y se sentó frente a mí con esa sonrisa falsa que ya conocía demasiado bien.—¿Cómo amaneciste, Laila? —preguntó con voz melosa.—Con dolor de cabeza —respondí sin mirarla—. Y con el recuerdo de una cachetada.El silencio que cayó sobre la mesa fue tan pesado que se podía cortar con cuchillo. Enzo apretó la taza con tanta fuerza que pensé que la rompería.—Fue un momento de estrés —dijo él, intentando sonar calmado—. Ya te pedí perdón.Carla me miró con fingida compasión.—Mi amor, las contusiones cerebrales pueden jugarte muy malas pasadas. Los recuerdos se mezclan, se distorsionan… No deberías confiar tanto en lo que crees que viste.La miré directamente a los ojos por primera vez en mucho tiempo.—¿Y tú cómo sabes tanto
Esa misma noche, después de que Enzo bajara las escaleras como alma que lleva el diablo, me quedé en la cama con los ojos abiertos, mirando el techo. El corazón me latía fuerte, pero no de miedo… sino de excitación.Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba ganando.Escuché voces abajo. La de él, alterada, baja y urgente. La de Carla, más calmada, intentando controlarlo. No lograba entender todo lo que decían, pero capté algunas palabras claras: “recuerda”, “video”, “peligro”, “hay que hacer algo”.Sonreí en la oscuridad.Que hablen. Que se desesperen. Mientras más hablen, más errores van a cometer.Me levanté con cuidado, aún fingiendo que me dolía todo el cuerpo. Fui al baño, encendí la luz tenue y me miré en el espejo. La mejilla izquierda estaba roja, empezando a hincharse. Perfecto. Esa marca era mi nueva prueba.Saqué mi teléfono (el segundo, el que ellos no conocían) del doble fondo de mi neceser y grabé un pequeño video de mi cara. Hablé en voz muy baja:—29 de abril.
Esa misma noche, mientras Enzo dormía a mi lado con la respiración tranquila de quien cree que aún controla el mundo, decidí dar el primer golpe real.No con el cuchillo.Todavía no.Con algo mucho más peligroso: un recuerdo.Me moví un poco en la cama, gemí bajito y abrí los ojos de golpe, como si acabara de despertar de una pesadilla. Empecé a respirar agitada, temblando.Enzo se despertó al instante.—¿Laila? ¿Qué pasa, amore?Me senté en la cama con los ojos muy abiertos, mirando al vacío. Dejé que mi voz saliera entrecortada, asustada, como si estuviera reviviendo algo.—Te… te vi… estabas encima de mí… me golpeabas… me… me…Dejé la frase colgando. No terminé. Solo empecé a llorar.Enzo se quedó rígido. Su cara cambió en menos de un segundo. El pánico le inundó los ojos.—¿De qué estás hablando? —preguntó con voz ronca—. Fue un accidente, Laila. Te caíste por las escaleras, ya te lo dije.Negué con la cabeza, fingiendo confusión y terror al mismo tiempo.—No… no fue una caída. Tú
Tres días después de fingir amnesia, el plan ya no era solo una idea en mi cabeza.Era un animal vivo, respirando, caminando a mi lado.Enzo seguía creyendo que yo era la Laila confundida, frágil, la que no recordaba nada después de la boda. Me hablaba despacio, como a una niña. Me traía flores. Me preguntaba si quería ver fotos “de nuestra vida juntos” para ayudarme a recordar. Yo sonreía con cara de agradecimiento y le decía:—Poco a poco, cariño… todo está volviendo, pero muy lento.Y por dentro pensaba:“Sí, todo está volviendo… pero no como tú crees.”Esa mañana Carla salió a hacer compras al pueblo. Enzo tenía una reunión en Nápoles y no regresaría hasta la noche. Era la primera vez que me quedaba completamente sola en la casa desde el “accidente”.No perdí el tiempo.Bajé al consultorio, cerré la puerta con llave y saqué el teléfono de Jennifer. Tenía un mensaje nuevo:“Abogado listo. Se llama Marco Rossi. Especialista en divorcios de alto riesgo y bienes matrimoniales. Puede r
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