Tres días después de fingir amnesia, el plan ya no era solo una idea en mi cabeza.
Era un animal vivo, respirando, caminando a mi lado.
Enzo seguía creyendo que yo era la Laila confundida, frágil, la que no recordaba nada después de la boda. Me hablaba despacio, como a una niña. Me traía flores. Me preguntaba si quería ver fotos “de nuestra vida juntos” para ayudarme a recordar. Yo sonreía con cara de agradecimiento y le decía:
—Poco a poco, cariño… todo está volviendo, pero muy lento.
Y por de