No sé en qué momento saqué el teléfono.
No lo pensé.
No lo planeé.
No fue una decisión consciente.
Fue instinto.
Tal vez una parte de mí sabía que ese momento iba a definir todo lo que vendría después.
Empujé la puerta un poco más, en silencio, lo suficiente para ver mejor.
Y grabé.
La imagen temblaba un poco porque me temblaban las manos.
Los vi moverse por la oficina como si ese lugar les perteneciera.
Como si mi vida les perteneciera.
Como si mi casa fuera un hotel y yo la empleada de limpie