Mundo ficciónIniciar sesiónAlice huyó de la violencia, de un cobarde para terminar atrapada en el dominio de una bestia. Con el rostro ensangrentado y el cuerpo marcado por los golpes de un hombre que juró amarla mientras destruía su autoestima llamándola "demasiado pesada", el único camino que le quedaba era la huida. La tormenta de nieve en las profundidades de Alaska debía ser su tumba, pero el destino la arrojó a las puertas de un infierno diferente: la inmensa cabaña de madera de Alexander. Dos metros diez de estatura. Masa muscular pura, cicatrices de guerra y un pasado en sombras. Un exmilitar ermitaño que vive aislado del mundo porque la sociedad teme a su tamaño... y porque él sabe de lo que es capaz. En la soledad helada de la montaña, las normas son implícitas, pero hay un aviso no escrito grabado en la madera: no provocar al gigante. Sin embargo, el encierro forzado enciende una tensión salvaje y sin retorno. Alexander no ve en ella a la mujer rota e imperfecta que su expareja intentó destruir. Ve carne abundante, caderas anchas y una tentación irresistible hecha a la medida de su brutalidad. Entre el fuego abrasador de la chimenea y el aislamiento implacable del invierno, la compasión se transforma rápidamente en hambre. Alexander no busca consolarla; exige reclamarla, invadirla y someterla hasta borrar cada recuerdo del pasado. Un deseo crudo. Una desproporción aterradora. Cuando la bestia despierta, la única opción es entregarse por completo.
Leer más**POV ALEXANDER** El olor a café negro invadía la cocina, pero no lograba despejar la pesadez que me aplastaba el pecho. La casa estaba sumida en una calma aparente, pero para un hombre entrenado para la guerra, esa tranquilidad era una trampa mortal. Miré hacia la mesa de noche en la penumbra. El sobre de cuero negro seguía bajo la libreta, exactamente como lo había dejado. Estaba seguro de que mi pequeña no sospechaba nada. Ella dormía a salvo en la cama, ajena al infierno que se nos venía encima. *Tengo que resolver esto solo*, me repetí, apretando la mandíbula hasta que me dolieron los dientes. El reporte del sobre no dejaba lugar a dudas: la ejecución de Daniel en la mina había sido demasiado limpia, demasiado profesional. Utilicé una firma táctica que mi antigua unidad de operaciones especiales reconoció de inmediato. Mi anonimato como "El Fantasma" se había roto. Los hombres que me entrenaron ya sabían que estaba vivo y tenían las coordenadas de esta montaña. No podía perm
**POV ALICE** El golpe de la puerta principal al cerrarse retumbó en la madera con un sonido seco, pesado. Escuché los pasos de Alexander subir la escalera de dos en dos. Su andar no era el de un hombre satisfecho por haber eliminado a un enemigo; era el paso rígido de un soldado que acababa de descubrir que el enemigo real estaba sobre él. La puerta de la habitación se abrió de par en par. Alexander se detuvo en el umbral. Tenía el sobre de cuero negro apretado en la mano derecha con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos. Sus ojos oscuros, que siempre me miraban con una devoción profunda, estaban invadidos por una frialdad lejana, una distancia repentina con la que intentaba poner una pared entre nosotros. No hice escenas ni grité. Me quedé en mi lugar, observando la rigidez de sus hombros, el pulso acelerado en su cuello y la forma deliberada en que evito sostenerme la mirada. —Alexander... —dije con voz suave, tranquila pero directa—. ¿Qué pasó allá afuera? Él cam
**POV ALICE**Los brazos de Alexander eran dos barras de hierro aplastándome contra su pecho. Olía a pino, a jabón neutro y al calor de su piel. Saber que ese hombre gigante acababa de masacrar a mi peor pesadilla y que volvía a mí para abrazarme con semejante devoción me volvía loca de amor y deseo.—¿Se acabó de verdad, Alex? —pregunté con la voz ahogada en su cuello—. ¿El jamás me va a volver a buscar?Alexander me agarró la nuca con los dedos apretando fuerte, obligándome a mirar la oscuridad de sus ojos. No había duda en su rostro, solo una furia salvaje convertida en protección.—Ese infeliz es ceniza en el fondo de una mina, pequeña —dijo con esa voz grave que retumbaba en mis costillas—. Tu pasado se murió hoy. Nadie en este planeta vuelve a ponerte una mano encima. Eres mía. ¿Te queda claro?—Sí... soy tuya, Alex. Haz lo que quieras conmigo —susurré, rindiéndome por completo.Un gruñido animal salió de su garganta. Sin pedir permiso, me levantó en el aire de un tironazo. Enre
**POV ALEXANDER**El olor a humedad y polvo llenaba el ambiente de la cueva subterránea. Había encendido una sola linterna industrial que colgaba del techo de madera vieja, proyectando una luz amarilla y pesada sobre el centro del lugar.En medio de la cueva había una silla de hierro oxidada. Daniel estaba amarrado a ella con cadenas gruesas en los brazos y los tobillos. Le arrojé un balde de agua helada directamente en la cara para despertarlo.Daniel se sacudió de golpe, tosiendo y jadeando por el impacto del agua fría. Cuando abrió los ojos y vio dónde estaba, el terror puro se apoderó de él. Intentó mover los brazos, pero las cadenas resonaron con un sonido metálico e imposible de romper.—¿Dónde estoy? —preguntó con la voz rota y temblorosa—. ¡Por favor, suéltame! Te juro que me voy del país, no vuelvo a molestar a Alice jamás. ¡Te firmo lo que quieras!Me acerqué despacio a la luz. Tenía puesto mi chaleco negro y sostendría en la mano derecha unos alicates de presión y mi










Último capítulo