**POV ALEXANDER**
El olor a café negro invadía la cocina, pero no lograba despejar la pesadez que me aplastaba el pecho. La casa estaba sumida en una calma aparente, pero para un hombre entrenado para la guerra, esa tranquilidad era una trampa mortal.
Miré hacia la mesa de noche en la penumbra. El sobre de cuero negro seguía bajo la libreta, exactamente como lo había dejado. Estaba seguro de que mi pequeña no sospechaba nada. Ella dormía a salvo en la cama, ajena al infierno que se nos venía