**POV ALICE**
Los brazos de Alexander eran dos barras de hierro aplastándome contra su pecho. Olía a pino, a jabón neutro y al calor de su piel. Saber que ese hombre gigante acababa de masacrar a mi peor pesadilla y que volvía a mí para abrazarme con semejante devoción me volvía loca de amor y deseo.
—¿Se acabó de verdad, Alex? —pregunté con la voz ahogada en su cuello—. ¿El jamás me va a volver a buscar?
Alexander me agarró la nuca con los dedos apretando fuerte, obligándome a mirar la oscurid