Mundo de ficçãoIniciar sessãoTreinta años atrás, Ray y Nando vivieron un amor imposible de olvidar. Fue intenso, pero terminó demasiado pronto, dejando promesas sin cumplir y una herida que el tiempo nunca logró cerrar. Hoy, el destino los vuelve a enfrentar. Ella está casada y es madre. Él también tiene un hijo, pero su matrimonio quedó atrás. Ambos han construido una vida que parecía definitiva. Todo lo que se supone que debería bastar. Pero una sola mirada es suficiente para que el pasado despierte con fuerza. El deseo sigue intacto. La conexión, también. Y esta vez, lo que está en juego no es un sueño adolescente, sino estabilidad, decisiones y la identidad que han construido durante décadas. Mientras los recuerdos del verano que los marcó regresan con intensidad, Ray y Nando deberán decidir si algunos amores merecen una segunda oportunidad… o si abrir esa puerta significa perderlo todo. Mil lunas para ser infiel es una novela sobre el primer amor que nunca muere, sobre la infidelidad emocional y sobre la pregunta capaz de cambiar una vida entera: ¿Qué haces cuando el pasado regresa… y lo que sientes es más fuerte que el tiempo?
Ler mais–¡Hey! –grita y alza la mano llamando a alguien a lo lejos–. ¡Rafa, Nando!Me quiero morir, justo a él… La verdad es que sí quiero que se acerque; mi cara dice una cosa, pero mi corazón dice lo contrario. Bajo la mirada indiferente y aprieto los labios a la vez que suspiro. No sé cómo reaccionar si es que viene. Sin levantar la cabeza, miro hacia un lado y veo la emoción de Sabrina al observar a su amor platónico acercarse. Creo que ha estado enamorada de Rafa desde la primera vez que lo vio, cuando ella estaba en kínder y él en primer grado. Por otro lado, Dani observa con decepción, pues no ve que Pablo esté cerca; a ella le gusta el morocho de pelo largo y delgado, de ojos negros.–Hola –escucho voces al unísono saludar frente a nosotros, aunque una más tímida que la otra–. ¿Qué hacés, Luis? ¿Nuevas amigas? –pregunta Rafa con una risita que derrite a Sabrina.–Hola –responde ella, nerviosa, con la voz casi temblorosa mientras se pierde en sus ojos azules.–Hola –le responde él, son
Diciembre 1994A concentrarse en lo importante… tengo que armar los bolsos para arrancar tempranito. Alexandra, mi prima, ya me espera ansiosa. «Serán tres meses repletos de cualquier cosa que no tenga que ver con ya sabes quién», me repito mentalmente. «¿Por qué me está doliendo tanto?»—¡Ah! —exclamo sacudiendo la cabeza.—¿Todo bien? —pregunta mi padre, que acaba de llegar del trabajo.—Hola, papi, sí, todo bien, es que tengo que elegir qué llevar en la maleta —respondo tirando la cabeza hacia atrás, resignada.—Felicidades, ya me enteré que salvaste el último examen. ¿Ves que no era difícil? ¿No te parece que era mejor ponerle un poquito de ganas durante el año? —me increpa, pero no le sale ser el papá rezongón, no con su princesa.—Sí, papá —volteo los ojos en redondo, desganada.—Ya veo que no puedo contigo. Va, va, va, termina de empacar —sabe que no hay forma de hacerme entender.—Papi… ¿puedo salir esta noche con mis amigas? —hago un puchero y pongo cara de borrego dego
Casi han pasado dos horas y seguimos platicando. Al principio fue algo raro y molesto, pues estaba muy nerviosa, y creo que él también; pero después nos fuimos soltando. En realidad, creo que el momento justo fue cuando, casi con un grito, me respondió que NO era novio de esa facilona de Mery. No es que le tenga odio ni nada, pero la idea de que fuera su novia me tenía a mal traer.Dejamos de lado eso de los novios y novias para quitar presiones, aunque no voy a mentir: eso de que le gusto a Luis me molestó, no por Luis, sino porque preferiría gustarle a él y no a alguien más. Tendré que conformarme con ser su amiga, muy a mi pesar, para así poder tenerlo cerca y, quién sabe… quizás en algún momento pueda ser algo más.Es muy gracioso, no lo parecía. Desde lejos, como estaba acostumbrada a verlo, se veía serio, pero este Nando que tengo ahora frente a mí no puedo negar que me gusta aún más. Lo escucho hablar diciendo tonteras y tarareando canciones a las que me uno entre risas. Lo veo
FERNANDO«Ahí viene, cruzando la calle», me hablé a mí mismo, mirando lo más disimuladamente posible por encima del hombro. Ella me gusta, me gusta mucho, pero soy incapaz de hablarle. Está más allá de mi alcance. Además, a Luis le gusta; a Luis y a casi todos mis amigos.El corazón casi se me detiene al verla caminar con tanta soltura, con ese atuendo totalmente nuevo en ella. Sus pies se entrecruzan con naturalidad, uno delante del otro, sin tambalear, meneando las caderas de un lado a otro, siguiendo una línea recta frente a ella.—¡Fa! ¡Mirá, ahí viene! —escucho que dicen Luis y Pablo, y todos los demás se voltean a verla.Yo hago el desentendido y bajo la cabeza, como si no me importara quién es. Al menos la indiferencia me sale bien actuada; de algo sirven las clases de teatro. Agacho la cabeza y, con el cabello tapándome el rostro, la observo sin ser visto. «Es linda», pienso, controlando mis palpitaciones. Avanza un par de metros más y ya no puedo verla. Ahora sí puedo levanta
Prólogo —¿Hola… te acuerdas de mí? —me dijo en voz baja, acercándose a la salida del colegio.Lo miré incrédula. Había imaginado ese momento tantas veces, pero jamás creí que llegaría a suceder de verdad.—Claro que sí —respondí, algo tímida, aunque con esa chispa vivaz del ayer— Te recuerdo muy claramente. Recuerdo tus rizos largos rozando tus hombros al caminar, tus labios jugando con los míos, tu aliento mezclándose con el mío… y tu olor.Tu olor se quedó impregnado en mí.Pensé en decírselo todo, pero callé. Hacía cuatro años que nos cruzábamos sin quererlo, evitando la mirada, fingiendo que no existíamos. A veces pienso en ese día y aún dudo: no sé si solo lo imaginé o si, en un arrebato, con la adrenalina latiéndome en las sienes, realmente se lo susurré mientras ambos fingíamos no conocernos frente a los demás.—Estás linda —dijo, y sentí cómo se me escapaba el aire.—Has crecido… pero sigues siendo la misma.—Claro… han pasado treinta años —atiné a responder, con una sonris
Último capítulo