Capítulo 32

Amanecimos enredados en los brazos del otro, mi cabeza apoyada en su pecho, escuchando el latir de su corazón. Aún duerme, y prefiero dejarlo un poco más. Me levanto en silencio y preparo el café. Hoy estamos solos: Pedro no está. Enciendo el horno y hago sus galletas favoritas, esas con sabor a limón.

El aroma lo despierta. Aparece en la cocina con una sonrisa que ilumina mi día, aún en ropa interior. Se acerca y me besa con las mismas ganas del primer día, y yo caigo otra vez en sus brazos, totalmente enamorada.

Me lleva en brazos hasta la cama y me ama como si fuera la última vez; sus besos recorren mi cuerpo y sus manos acarician hasta el alma.

Desayunamos luego de hacer el amor, y reímos por el paso del tiempo que le recuerda que ya no somos adolescentes.

Una leve puntada se clava en su pecho, tose para quitarla, y vuelve a reír.

—Creo que, de ahora en más, deberás cargarme tú —se burla.

—¿Qué? ¿Acaso dijiste que estoy gorda? —le respondo entre risas.

Debemos apurarnos o llegaremos tarde al trabajo. Yo tengo que terminar algunos trajes, y él preparar la contabilidad.

El taller es nuestro refugio. Allí trabajamos juntos, aunque a veces me abruma cuando la máquina de coser se pone porfiada y no quiere funcionar. Me enojo, y quiero que se note. Él intenta calmar la tempestad con una palabra.

Mientras coso, llega con su laptop y la deja sobre la mesa. Se acerca por detrás, me besa en el cuello y luego va a preparar café. Toma dos tazas y las sirve, invitándome a hacer una pausa.

—No sé si pueda, tengo que terminar al menos esto —respondo sin mirarlo.

Entonces escucho un golpe. Levanto la vista, asustada. No se escucha nada más. Nando yace en el piso. Lo llamo, pero no responde. Digo su nombre una y otra vez, lo sacudo, y lo entiendo:

él se ha ido. Ya no respira. Su corazón no late.

Lo abrazo tan fuerte como puedo antes de que lleguen a llevárselo. Mi llanto, ahogado en su pecho, suena como un eco en el lugar.

Maldito destino, que juega cosiendo hilos por doquier para luego cortarlos a su antojo.

Fueron días difíciles y dolorosos. Intenté no dejarme arrastrar por la tristeza. Recordaba cada beso, cada caricia, su olor que se quedó impregnado en mi memoria.

Una semana después volví al trabajo. Necesitaba distraerme, buscarlo entre los rincones. La entrada estaba llena de flores en su memoria. Sonreí con los ojos llenos de lágrimas.

El taller estaba oscuro, pero olía a café. Imaginé, por un segundo, que él me esperaba sentado en la misma silla de siempre, con ese gran collar de perlas. Cada rincón tenía un recuerdo.

Me senté donde él solía hacerlo y encendí su laptop, aún sobre la mesa. Quería encontrarlo una vez más, sin saber cómo. Un archivo llamó mi atención entre tantos:

“Alegoría de una noche de verano”.

Imaginé que sería un guion, pero el título —aunque sabía que era el de una obra— me transportó de inmediato a aquel verano donde todo comenzó.

Y lo abrí.

> “Ahí estaba su voz, quieta, esperándome desde el otro lado del silencio.”

-----

Epílogo

Alegoría de una noche de verano

(Archivo sin enviar – encontrado en la laptop de Fernando)

No sé para qué escribo esto, si para recordarte o para olvidarte.

Tal vez para convencerme de que alguna vez fuiste real.

Hay noches en que todavía escucho tu risa mezclada con el ruido del mar,

Y siento esa misma punzada en el pecho que me atravesó cuando te vi alejarte por última vez.

Desde entonces, todo ha sido un intento torpe por regresar a esa orilla.

A veces pienso que el verano del ’94 fue una alegoría de lo que vendría después:

Fugaz, intenso, inevitablemente condenado a repetirse de algún modo.

Éramos tan jóvenes, tan ciertos de que el mundo nos debía algo,

Que nunca entendimos que lo único que realmente poseíamos era ese instante.

No busco perdón ni respuestas.

Solo quiero dejar escrito que te amé sin entender por qué,

Y que de todas las versiones de mí que existieron,

La tuya fue la única que tuvo sentido.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP