Hoy el sol brilla y agradezco por ello. Odio los días grises y fríos; por fin la primavera se hace presente. Me levanto con un optimismo extraño, como si algo me dijera que este día será especial. Y ojalá lo sea. Necesito sentir que todavía pueden sucederme cosas buenas.
Hace tiempo que la vida me pesa. Ser mamá y esposa ya no alcanza; la rutina parece aplastarnos, y en la pareja la chispa casi se ha extinguido. He leído —y creo firmemente— que el amor hay que “regarlo” con pequeños gestos: una