Verano del ’94
Las vacaciones comenzaron oficialmente. Me levanté muy temprano, ansiosa por irme. Papá me acompañó a la terminal de autobuses para despedirme y ayudarme con la maleta. No parecía que me fuera por tres meses; más bien, que me estaba mudando. Sé que en la playa no necesitaré demasiada ropa, pero nunca se sabe.
Mamá me despidió en casa. Debía atender a mis hermanas, esas aburridas que no quisieron venir a la playa con mi tía. En el fondo lo agradezco: no quiero tener que cuidarlas.