Las semanas pasan más rápido de lo que quisiera. Tanto tiempo esperamos adormecidos, silenciando lo que el corazón gritaba, intentando olvidar lo inolvidable, y ahora el tiempo corre deprisa. Besos a escondidas, encuentros erráticos, cuidando las apariencias aunque ya no sea necesario.
Los días se precipitan como si tuvieran urgencia en llegar a algún lugar. Algunas noches dormimos juntos, abrazados hasta que el sol se cuela por la ventana. Son los días más felices: esos donde sólo somos dos