El sonido de los nudillos golpeando la puerta interrumpió el breve silencio que se había instalado en la habitación. Amatista sintió cómo el cuerpo de Enzo, que la mantenía atrapada contra él, se tensaba ligeramente ante la interrupción.
—Otra vez… —gruñó con molestia, deslizando una mano por su rostro.
Amatista sonrió con diversión, sin moverse de su lugar.
—Tal vez es el universo recordándote que hay más cosas que hacer además de acosarme en la cama, Bourth.
Enzo la miró con una mezcla de div