Gabriel se sentó dispuesto a trabajar, pero seguía con los mismos papeles frente a él sin leer ni una sola palabra.
No porque no pudiera.
Sino porque no lograba concentrarse.
Su mente volvía una y otra vez a la misma escena.
—Definitivamente imposible… —murmuró para sí, apoyando la frente en su mano.
La puerta se abrió sin previo aviso.
Gabriel no levantó la vista.
—Si no es importante, vete.
—¿Así recibes a tu fiel beta? Qué dolor…
Gabriel alzó la mirada.
Patrick estaba parado en la puerta.
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