Mundo ficciónIniciar sesiónEn el último libro de la serie, Risa y Mael enfrentan las secuelas del cautiverio. Una vez más, el amor que los une se convertirá en su única arma para sortear obstáculos aunque parezcan insuperables, recuperar la felicidad que una vez compartieron y alcanzar al fin la paz que tanto anhelan, esta vez como iguales.
Leer másY ahora sí llegamos al final de la historia de Risa y Mael. Y vaya que han pasado cosas desde ese atardecer en el bosque en el que se vieron por primera vez. Fue un verdadero viaje lleno de altibajos y emociones de toda clase, y estoy muy satisfecha con la forma en que se desarrollaron los personajes y la historia en sí.Sé que tod@s quieren más, y yo también estoy super encariñada con los personajes y este universo, pero éste es el final que tenía planeado, y después de dos años escribiendo sobre ellos, mi cerebro pide por favor vacaciones, porque está a la vez saturado y exprimido.Tal vez en el futuro retome la historia. No es una afirmación ni una promesa, es un tal vez, si encuentro más cosas interesantes para contar sobre ellos. Porque les aseguro que a nadie le interesaría leer cómo Risa aprende a usar una rueca o cuánta leña corta Mael por día, que es lo que se viene para ellos.Quiero agradecerles por enésima vez todo su apoyo y su constancia, que me ayudaron a seguir sin darm
Cruzar el filo y comenzar el descenso me produjo una sensación indescriptible de tranquilidad, como si me hubieran quitado un peso enorme de los hombros y el pecho. Porque ya no tendríamos que preocuparnos de amenazas, y podríamos dedicarnos en cuerpo y alma a lo que más deseábamos en el mundo: construir nuestro hogar, criar a nuestros hijos, vivir en paz lejos de todo conflicto.Brenan se quedó atrás en el bosque, procurándose un bocado, pero nosotros continuamos a un trote rápido hacia el prado y el establo donde los niños dormían.La corpulenta sombra de Dugan apareció en medio del pasillo entre las cuadras cuando entramos, sigiloso y vigilante. Nos olfateó en silencio y movió la cola antes de hacerse a un lado, como si nuestras esencias respondieran cualquier pregunta.Aine y Sigrid se habían echado con los niños y alzaron la cabeza al escucharnos. Ellas tampoco dijeron nada ni hicieron preguntas. Se levantaron sin ruido y dejaron la cuadra, moviendo la cola como Dugan.—¿Nadie pr
Nos adentramos solos en el bosque, donde me desvestí y volví a cambiar. Mael me dejó echada junto al caballo y se internó entre los árboles en busca de algo para comer. Yo estaba tan débil que sentía que perdería el sentido de un momento a otro. El caballo norteño, que aprendiera de Briga y nuestros otros animales a no espantarse al vernos en cuatro patas, se acercó a olisquearme y me lamió la frente, sobresaltándome.Al verme abrir los ojos y alzar la cabeza hacia él, me observó con atención, y tan pronto volví a entornar los ojos, me lamió de nuevo. Jadeé suavemente, riendo para mis adentros, reconfortada por sus cuidados inesperados. Cuando moví la cola, pifió suavemente y frotó su hocico con el mío antes de seguir lamiéndome.Así nos encontró Mael, que me traía un zorro y lo dejó frente a mí riendo por lo bajo.—Mírate nada más —dijo—. En un momento estás asesinando parias a mano desnuda, y al siguiente pareces lo bastante inofensiva para que uno de estos caballos porfiados te con
Permanecí a caballo, avanzando al paso hacia el límite del pueblo y los cultivos que quemáramos. No habían ardido completamente, y en la parte más alejada aún quedaba una alta pared de maíz maduro.De sólo verla me dio mala espina, porque era lo bastante extensa para ocultar dos o tres docenas de hombres. Y apenas superé la última casa, escuché el rumor casi imperceptible, inconfundible, de las hojas moviéndose. Sólo que esa noche no corría ni siquiera una leve brisa.Detuve mi caballo y desmonté sin apartar la vista de ese extremo. No me molesté en desenvainar el machete que colgaba de mi cinto, porque me sentía más segura con las manos libres. Mi falta de experiencia con armas blancas hacía que me resultara más sencillo usar mis propias manos.Me interné entre las mazorcas quemadas directamente hacia la esquina en c
Mael seguía gruñendo y rezongando como hiciera durante las tres últimas horas, desde que me viera trepar por la colina hacia él, el atado de ropa balanceándose bajo mi hocico. Había intentado convencerme de que regresara a nuestro lado del valle con argumentos razonables. Cuando vio que eso no funcionaba, insistió sin ocultar su impaciencia y su exasperación. Cuando vio que eso tampoco funcionaba, se mostró abiertamente enfadado conmigo por primera vez desde que nos conociéramos.Yo había dejado el atado de ropa entre las rocas frente a mí y me había sentado jadeando suavemente, porque aún en cuatro patas era una subida cansadora. Lo dejé sonreír, lo dejé resoplar, lo dejé ponerse brusco. Hasta que alzó un poco la voz, algo que no había hecho jamás. Entonces recogí mi atado de ropa y crucé el filo para descender hacia
Bardo regresó con la noticia de que Kian en persona venía a nuestro encuentro con refuerzos, de modo que Mael decidió que lo mejor era que Kellan y Declan, luego de rodear las colinas, no regresaran con nosotros y cruzaran la parte septentrional del bosque para salir a recibirlos.Nosotros, en tanto, establecimos una rutina que nos permitiera pasar esos días con tanta normalidad como fuera posible. Dugan y Brenan se turnaban para trabajar con Mael y cazar, mientras Aine y Sigrid se alternaban para ayudarme y montar guardia en el filo de las colinas. Por la noche, Mael, Dugan y Brenan se encargaban de la guardia.Distaba de ser lo ideal, pero era lo más seguro. Y desde lo alto de las colinas, comprobamos que los humanos habían tomado en serio la amenaza, y poco a poco iban dejando la aldea hacia el oeste, llevándose consigo cuanto podían transportar.Era una buena señal, aunque éramos conscient
Último capítulo