Cruzar el filo y comenzar el descenso me produjo una sensación indescriptible de tranquilidad, como si me hubieran quitado un peso enorme de los hombros y el pecho. Porque ya no tendríamos que preocuparnos de amenazas, y podríamos dedicarnos en cuerpo y alma a lo que más deseábamos en el mundo: construir nuestro hogar, criar a nuestros hijos, vivir en paz lejos de todo conflicto.
Brenan se quedó atrás en el bosque, procurándose un bocado, pero nosotros continuamos a un trote rápido hacia el pra