Asentí intercambiando una mirada rápida con Milo, que palmeó la espalda de Garnik tratando de sonreír.
—Buen trabajo, muchacho —dijo—. Vete a dormir, que tendrás que volver a partir tan pronto lleguen los nuestros, para guiarlos a través de las montañas.
Garnik no se hizo rogar, y se incorporó con gesto fatigado. Sin embargo, se detuvo a un paso de la puerta para volverse hacia nosotros.
—Se me olvidaba algo importante —dijo, tomándonos por sorpresa—. Papá está convencido que todo esto está rela