El claro ceremonial estaba repleto.
Habían colocado el estrado justo al centro, entre las estatuas de los antiguos Alfas y el gran Árbol de la Noche. Las antorchas dibujaban un círculo de juicio, y la piedra del destino —solo usada en ejecuciones— había sido lavada esa misma mañana.
Darien llegó antes del amanecer. Apenas vio el altar ceremonial, su mandíbula se tensó.
—Aldrik… maldito bastardo. Lo convirtió en un escenario para un sacrificio.
Todo estaba montado como si Aeryn fuera a s