Cinco años después
La nieve caía suave sobre los techos de Lobrenhart, cubriéndolo todo con un manto blanco como si la Luna misma hubiera descendido a bendecir su legado. El viento arrastraba risas infantiles y el crepitar de las antorchas, mientras dos figuras diminutas corrían entre los árboles decorados con cintas rojas y azules.
—¡Volrik, te vas a caer! —gritó Nyasha con voz de mando.
—¡Solo si me alcanzas primero! —contestó él, soltando una carcajada que retumbó como un eco de fuego en