La plaza seguía envuelta en un silencio expectante tras la marcha ardiente de Aldrik. La Llama Sagrada aún crepitaba en el centro del círculo, como si se negara a apagarse del todo.
Darien respiró hondo. El eco de los vítores aún flotaba en el aire, pero su expresión cambió. Sostenía la mano de Nyrea con fuerza, pero ahora se volvió hacia ella con los ojos nublados por la emoción.
—Antes de que este día se grabe en la historia como el inicio de una nueva era… hay algo que debo decir.
El pueblo