La habitación aún olía a hierbas dulces y ceniza tibia. Afuera, el sol del segundo día se filtraba suave, como si incluso la luz respetara el proceso de volver.
Darien se encontraba de pie, con el cuerpo cansado y la espalda erguida, como si aún le doliera cargar el fuego que lo atravesó.
Nyrea apenas había logrado sentarse. Estaba envuelta en mantas, el cabello suelto sobre los hombros, con la mirada serena pero profunda. Sus piernas todavía no respondían del todo, pero la fuerza en sus ojos n