Había pasado una semana desde que Nyrea cayera en suspensión tras el ritual de defensa. Su cuerpo reposaba, inmóvil pero vibrante, en el santuario central de la Torre de la Llama. Desde afuera, una energía tibia flotaba en el aire, como si la respiración del fuego durmiera con ella.
Darién apenas se había separado de su lado, y cuando lo hacía, era solo para atender reuniones urgentes con Valzrum y el resto de la guardia. Lobrenhart vivía en alerta total. Las murallas se reforzaban con hechiz