Mundo ficciónIniciar sesión«Firma tu renuncia a los niños o te encierro en un psiquiátrico». Esa fue la última frase que Laura escuchó de su esposo, el poderoso CEO Álvaro Jones, mientras se desangraba tras una cesárea de emergencia. Sin opciones y acorralada, firmó su propia sentencia de muerte para escapar, dejando atrás a sus gemelos recién nacidos. Cuatro años después, Álvaro vive tranquilo en su imperio, criando a sus hijos con la "mujer perfecta" que tomó el lugar de Laura. Cree que ganó. Cree que la madre que expulsó nunca volverá. Se equivoca. Laura ha regresado a Madrid, pero ya no es la víctima asustada. Ahora es la dueña del 51% de la empresa de Álvaro. Ahora, el hombre que la destrozó trabaja para ella. Su objetivo es despiadado: destruir a Álvaro y recuperar lo que es suyo, especialmente cuando descubre la verdad que él oculta: su hijo Santi no es mudo por enfermedad, dejó de hablar el día que descubrió una foto prohibida de su madre. Álvaro jura que no se acercará a ellos. Camila tiene una prueba que puede enviarlo a la cárcel. La guerra ha comenzado, y en este juego de odio y deseo reprimido, solo uno quedará en pie. Ella volvió por todo. Él no la vio venir.
Leer más—¡Vamos, Ascher! Será divertido, personas diferentes, un ambiente distinto, te prometo que valdrá la pena, habrá muchas chicas lindas —dice el castaño muy insistente intentando de convencer a su amigo rubio—, estoy cansado de las mismas reuniones aburridas que planifican nuestros padres —concluye algo hastiado entrando al salón de clases y sentándose en su pupitre.
—Jack no seas tan enfático, aparte, lo dices como si estar con personas de baja clase fuera algo de otro mundo, no seas tonto, de ese tipo de personas no podemos esperar mucho, no hay que confiarse —dijo su amigo pelirrojo sentándose en un pupitre detrás de Jack. El castaño lo mira entre serio y ofendido.
—Lo dices como si fueran criminales, Trevor —refunfuñó. Un rubio se sienta en un pupitre al lado de su amigo Jack, robando la atención del castaño—. Tú decides Ascher. —Jack el castaño y Trevor el pelirrojo miraron a su rubio amigo esperando su respuesta, quién este sin pensarlo dos veces respondió;
—Yo digo que sí, probar algo nuevo, ¡será genial! —responde muy positivo. Trevor lo miró disgustado, el cual fue un gesto poco gracioso para Ascher—. No será tan malo Trevor, te vas a divertir. —Trata de animarlo.
—¡Ash! —Expresa con fastidio—. Esa chica debe ser tan hermosa como para que te interese ir a una de esas fiestas pordioseras —dice Trevor antipático como siempre mientras acomoda su corbata.
—Trevor tiene un poco de razón, no estoy de acuerdo con que insultes a algo que no has experimentado, pero si concuerdo de que la chica te debe tener bastante loco como para volver a verla, ya que tu estilo es más de estar con chicas por diversión, ¿cómo la conociste? —El rubio está intrigado ya que le sorprendía la forma de cómo actuaba su amigo.
—Hace una semana en una de esas fiestas, la vi muy atractiva, intente estar con ella por diversión pero fue difícil, no lo logré, me sentí derrotado, pero no sé por qué no busqué a otras víctimas, simplemente me quedé con ella y me comenzó a gustar —dijo Jack algo pensativo tratando de descifrarse a sí mismo.
—Bueno, tal vez ya llegó el momento para que comiences a tener relaciones serias, ¿no crees? —dice Trevor, el castaño alzó los hombros con desinterés.
—No lo sé Trevor, no me quiero adelantar, sólo disfruto mi presente, por el momento sé que quiero conocerla más —responde Jack seguro de la última frase. Él tenía muchas ganas de ver aquella chica.
—Está bien, sólo vamos a acompañarte para protegerte la espalda, no puedes confiar a ciegas en esa chica, ¿y si te roba la fortuna? —pregunta Trevor tan desconfiado, ese comentario hizo reír al rubio de ojos verdosos.
—¿Cómo carajos va a robarme la fortuna por vernos una segunda vez? —Pregunta en un tono burlón—, aunque en algo tienes razón, si me robó… el corazón. —Trevor le pone los ojos en blanco—. Dos cosas, primero aun no le he comentado que soy rico, quiero esperar a ver qué pasa con nosotros, y segundo, puedo ir solo, pero es que ella no puede salir sin sus amigas, así que esto es como un tres para tres —Jack contesta nervioso, Ascher ríe con más ganas al ver la cara de su amigo pelirrojo, quien estaba entre asqueado y enojado.
—Jack yo no voy a estar con una de esas, tengo novia y heredera de una buena fortuna. —Trevor frunce sus cejas.
—Tranquilo, no le pondrás los cuernos a nadie, solo van a distraer a sus dos amigas para que yo pueda estar a solas con mi chica, no veo que Ascher se queje. —Jack miró al rubio esperando alguna reacción.
—Pues debería, su mamá le quitaría todo si él estuviera con una menesterosa —dijo el pelirrojo malhumorado.
—Trevor, solo será esta vez y no le digas así que no la conocemos. —El rubio estaba un poco irritado por su comentario.
Una chica castaña con ojos azules pasa sonriente saludando a Ascher, el cual, él solo se limitó a darle media sonrisa.
—A ella le gustas desde hace tiempo —Jackson le susurra en su oreja—, estás loco como para no ir al baile con ella, es una de las chicas más bonitas de aquí —le sugiere.
—Jack tiene razón Ascher, y solo porque no te fue bien en tu última relación no significa que debas cerrar oportunidades con otras chicas —le aconseja Trevor.
—No es mi tipo —responde Ascher sin interés, saca su cuaderno de matemáticas y lo coloca encima de su mesa.
—Desde tu última relación nadie es tu tipo, ¿Qué vas a esperar? Ella es rica, o ¿Quieres a una pobre que solo te quiera por el dinero? Los pobres no saben lo que es el amor, pues tienen tanta necesidad por el dinero que el amor lo dejan de lado. —Trevor parece estar traumado.
—Trevor porque te haya pasado a ti, no significa que le pasará a Ascher, además, es su vida, él no va a vivir por tus experiencias, aconseja menos en el amor —dice Jack algo cansado de sus comentarios.
—¡Exacto! Además Trevor, mi ex también es rica pero ambiciosa y solo estaba conmigo porque creía que tendría todo el poder teniendo mi dinero también —se explica Ascher recordando un poco de su pasado.
—¿Y es por eso que quieres probar algo nuevo? Ir a la fiesta y encontrar una pordiosera de «buen corazón» o eso crees lo que encontrarás. —La actitud de Trevor ya estaba bastante molesta, el lo cual, el rubio un poco enojado respondió;
—Trevor eres mi mejor amigo, te quiero, pero no estoy de acuerdo contigo, lo siento, y no, no voy a conocer chicas, solo le haré un favor a mi otro mejor amigo, ¿ok? —El pelirrojo dejó de persuadir a su amigo rubio y cinco minutos después llegó el profesor para comenzar la clase.
***
—Sam lo acabas de conocer —dice la morena obviando el tema a su amiga rubia.
—Por favor Holly, no estarán solas, le pedí que invitara a dos amigos suyos para que las acompañen —insiste la rubia.
—No Samantha, ¿y si son secuestradores? No sabemos quiénes son. —Sam le pone los ojos en blanco a Holly y luego mira a su otra amiga.
—¿Tú qué dices Mónica? Tienes la última palabra —le pregunta Sam, Holly mira a su amiga pelinegra esperando respuestas, quién estaba pensativa.
—Por favor di que no, me veré obligada a ir si aceptas, son mis mejores amigas y salimos juntas por votación. —Holly le suplica a Mónica con su rostro.
Esta la mira con una sonrisa larga y abre su boca para responder;
—Sí, vamos. —Holly la mira mal, cierra su casillero con algo de fuerza y se aleja dando pisoteadas a su siguiente clase—. ¡No te enojes! Será divertido —grita Mónica para que Holly la pudiese oír.
***
—¿Nos vienen a buscar o qué? —pregunta Holly mientras Sam la maquilla en su habitación.
—No, nosotras iremos. —La rubia se alejó un poco para observar con detalle el rostro de su amiga Holly.
—¡Genial Sam! Encontraste a un novio pobre —dice Mónica sentándose de brazos cruzados en la cama de Sam.
—No es mi novio. —Sam suelta una risita nerviosa.
Dejó de echarle sombra en los ojos a Holly y tomó un rímel de su mesita llena maquillaje con un gran espejo con luces a su alrededor, la morena estaba sentada al lado de ese conjunto mientras que la rubia estaba al frente de ella.
—No me maquilles mucho, sabes que no me siento cómoda con tanto adherente en mi cara —dijo Holly alejando el rostro a un lado.
La mañana del jueves era rutinaria en el edificio central de Echeverría Jones Valdés.El reloj digital del escritorio marcaba las once en punto.Álvaro estaba de pie frente a la mesa de dibujo de su despacho, revisando los planos topográficos para el nuevo centro de acogida en Andalucía. Tenía el lápiz en la mano derecha y una taza de café a medio terminar en la izquierda.A sus cuarenta y nueve años, se mantenía en buena forma física, pero llevaba los últimos seis meses operando con un nivel de estrés soterrado. La muerte de Tomás, la presión constante por la expansión internacional de la firma y ahora, la inminente guerra legislativa que su mujer y su hija se preparaban para librar contra el bloque de Rodrigo Blasco en Europa.El cuerpo lleva la cuenta. Siempre la lleva.El dolor no fue agudo al principio.Fue una presión sorda en el centro del pecho. Como si alguien le hubiera colocado un bloque de cemento de diez kilos sobre el esternón.Álvaro soltó el lápiz. El cilindro de mader
El mensaje encriptado llegó al teléfono de Laura a las siete de la mañana.El remitente era la parlamentaria sueca que había sido el ancla institucional en Bruselas para la aprobación de la Directiva 2031/C.El mensaje solo tenía un archivo adjunto en formato PDF y una línea de texto urgente: Míralo ahora. Han estado moviéndose en las sombras.Laura abrió el archivo en la pantalla de su ordenador. El titular del documento llevaba el sello de registro del comité legislativo preliminar del Parlamento. Rodrigo Blasco vuelve a las noticias con una propuesta de ley para modificar la directiva europea. Laura sintió que el aire de la habitación se volvía repentinamente escaso. El frío metálico de la traición institucional le recorrió la espina dorsal. Lleva cuatro meses en comité. Cuatro meses. Ciento veinte días de reuniones a puerta cerrada, de favores intercambiados en los pasillos de Estrasburgo, de pactos de silencio entre bloques políticos conservadores. Hasta hoy era secreta.Laura le
La sala de juntas estaba en la planta cuarenta de uno de los rascacielos del paseo de la Castellana.Era un espacio diseñado para intimidar. Mesas de cristal templado, sillas ergonómicas de cuero italiano negro y una vista panorámica de Madrid que dejaba claro quién estaba en la cima del mundo y quién miraba desde abajo. El aire acondicionado mantenía la temperatura en unos gélidos diecinueve grados, perfectos para que nadie sudara bajo las camisas hechas a medida.Había cinco hombres y una mujer alrededor de la mesa. Representaban a uno de los fondos de capital riesgo más agresivos de Europa. Ellos llevan trajes que cuestan más que un año de alquiler. Relojes suizos que no marcaban la hora, sino el estatus. Gemelos de plata.Frente a ellos, al otro lado del cristal inmaculado, estaba sentado un chico. Lucas entra a la reunión con inversores con dieciséis años y tres estudios de impacto bajo el brazo. No llevaba corbata. Lucas no tiene traje. Llevaba un jersey negro de cuello redondo,
El periódico alemán traía la reseña de la exposición de Berlín.Estaba impreso en un papel grueso, de alta calidad, característico de los suplementos culturales dominicales. El titular estaba en alemán, pero la traducción que le había enviado su agente estaba subrayada en el correo electrónico. La frase clave del crítico de arte berlinés decía: Un artista que parece hablar de todo al mismo tiempo sin levantar la voz.Santi, con dieciocho años recién cumplidos, estaba sentado en el suelo de su estudio en Madrid. No había rastro de arrogancia en sus movimientos. El cuarto seguía oliendo a trementina, a óleo fresco y a polvo acumulado. Sostuvo las tijeras de metal. Cortó el recorte del periódico con movimientos lentos y precisos. Aplicó pegamento en el reverso y lo pegó en la pared. La pared estaba cubierta de bocetos manchados, números de vuelos internacionales y recordatorios escritos a mano. El recorte alemán se sumó al ecosistema de papel.Santi tenía exposiciones programadas en Lond





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