El periódico alemán traía la reseña de la exposición de Berlín.
Estaba impreso en un papel grueso, de alta calidad, característico de los suplementos culturales dominicales. El titular estaba en alemán, pero la traducción que le había enviado su agente estaba subrayada en el correo electrónico. La frase clave del crítico de arte berlinés decía: Un artista que parece hablar de todo al mismo tiempo sin levantar la voz.
Santi, con dieciocho años recién cumplidos, estaba sentado en el suelo de su e