Velázquez 34.
Un edificio de piedra y balcones de hierro forjado. El tipo de fachada que no necesita carteles porque lleva siglos diciéndole al mundo que aquí vive el dinero.
Llegamos a las ocho en punto.
Bruno sujetaba la carpeta con las dos manos. Había dormido menos que yo, pero lo disimulaba mejor. Traje gris. Expresión de notario.
Yo llevaba pantalón negro y el abrigo largo. Sin tacones esta vez. No venía a impresionar. Venía a cazar.
—Escucha —dijo Bruno antes de entrar—. Déjame hablar pr