El ascensor del ático de Serrano tenía espejos en tres paredes.
Laura se vio tres veces antes de llegar al último piso.
Blusa de lino azul marino. Sin joyas. El pelo recogido con ese descuido calculado que había tardado cuarenta minutos en conseguir. La bolsa con los regalos colgando del brazo izquierdo.
No eres una guerrera esta noche. Eres una madre.
Las puertas se abrieron.
Marina abrió antes de que Laura pudiera llamar.
Delantal de rayas blancas y verdes. Pelo recogido. Una sonrisa que era