Mundo ficciónIniciar sesiónCristopher Morillo Wood, billonario y CEO de la Constructora e Inmobiliaria Internacional MORILLO & WOOD, descubrió que su novia, la joven analista, Amber Tovar, lo traicionó e incluso, vendió información confidencial, a su rival comercial, haciéndole perder unas licitaciones con el gobierno de Santiago de León. Por esta razón, él la denunció ante las autoridades respectivas. El mismo día que la detuvieron, ella recibió una golpiza, que le provocó un aborto. Aunado a esto, fue sentenciada a dos años de prisión, pero gracias a su extraordinaria labor en el penal, salió en libertad, seis meses antes, con sed de venganza. Una vez libre, Dylan Lugo, CEO de la competencia, atraído por su belleza y su forma de ser, le propuso matrimonio, lo cual ella aceptó ¿Cuál será la reacción de Cristopher ante esta relación? ¿Dejará que ella contraiga nupcias con otro hombre, aun sabiendo que todo fue una mentira, para separarlo de ella?
Leer másChristopher
—¡Te amo, Amber! —Le solté los labios tras un beso que me supo a gloria, sintiendo aún el calor de su aliento contra el mío. En ese momento, no existía nada más en el mundo que ella.
—Y yo a ti —me respondió, y esa sonrisa que me regaló, cargada de una ternura que me desarmaba, fue suficiente para hacerme sentir el hombre más afortunado de Santiago de León.
Me costaba separarme de ella, pero el reloj era implacable. Rocé con la punta de mi lengua su labio inferior, disfrutando del estremecimiento que recorrió su cuerpo.
—¿Nos vamos? Si no te entrego pronto, tu madre me va a matar por traerte tan tarde —añadí con una pequeña risa, aunque en el fondo hablaba en serio—. No quiero empezar con el pie izquierdo con mi futura suegra.
—¡Tienes razón, mi amor! —Amber soltó un suspiro dramático—. Pero me siento sin fuerzas para moverme. ¿Me llevas en brazos? —Me miró con esos ojos mimosos a los que simplemente no sabía decir que no.
Solté una carcajada vibrante mientras la alzaba sin el menor esfuerzo. Sentir su peso contra mi pecho era lo más natural del mundo. —Te estoy consintiendo demasiado, Amber, pero me resulta imposible evitarlo.
—Me siento tan feliz que a veces temo estar soñando —confesó ella, aferrándose a mi cuello como si yo fuera su único anclaje a la realidad.
Bajamos al estacionamiento de mi penthouse, en la zona más exclusiva de la capital, caminando de la mano. Me sentía invencible. Subimos al Maserati y nos alejamos por las avenidas iluminadas, bajo las luces de neón que parecían celebrar nuestro compromiso.
(***)
Amber
Al día siguiente…
El sol de las once de la mañana me golpeaba el rostro mientras salía de la facultad. Tenía que ir al Hotel Rosal para unas jornadas académicas, pero mi mente seguía anclada en los besos de Christopher. Estaba tan distraída que casi tropiezo con Dylan Lugo en la entrada.
Dylan era el CEO de la competencia directa de mi novio, y siempre que nos cruzábamos, sentía su mirada recorriéndome con una intensidad que me incomodaba.
—¿Y qué pasó con tu gorila? ¿Hoy no te acompaña? —Me soltó con esa sonrisa cargada de una ironía que me erizó la piel.
—¿Hablas así de mi Christopher? —le reclamé de inmediato. No permitía que nadie se refiriera a él con desprecio, y menos un rival.
Dylan forzó una sonrisa que me pareció rígida, casi artificial. Parecía molesto por mi defensa.
—Es raro no verlo a tu lado —contestó, tratando de sonar indiferente.
—Hoy tiene una agenda muy apretada con sus últimos proyectos —le expliqué, soltando una risa ligera. No tenía por qué ocultar lo orgullosa que estaba de su trabajo.
—Ya veo. Por cierto, ¿vienes al evento que estoy patrocinando con la Facultad?
—¡Sí! Pero no sabía que tú eras el patrocinador.
—Me interesan estos actos —manifestó mientras empezábamos a caminar hacia el salón—. Es la mejor forma de conseguir talento nuevo, mentes frescas que puedo entrenar a mi gusto. Acompáñame, te mostraré el lugar.
Caminamos juntos, y aunque sentía una extraña pesadez en el ambiente, no le di importancia. De repente, alguien que pasaba con una bandeja de refrigerios tropezó conmigo. Sentí el líquido frío y la comida volcándose sobre mi blusa blanca. Fue un desastre instantáneo.
—Qué desastre —reaccionó Dylan de inmediato, tomándome del brazo—. Sube a mi suite, Amber. Podrás lavarte la prenda o, si prefieres, puedo prestarte mi chaqueta para que no pases frío mientras se seca.
Dudé un segundo, mirando la mancha enorme en mi pecho. Me sentía ridícula y expuesta. —Está bien, gracias —acepté, pensando solo en limpiar el desastre antes de que empezara la conferencia. Lo seguí hacia el ascensor.
(***)
Christopher
Estaba en mi oficina, sumergido en la revisión de unos contratos legales que necesitaban mi firma urgente. El teléfono vibró sobre el escritorio varias veces, pero no le presté atención hasta que un número restringido insistió por tercera vez. Respondí por pura curiosidad, sosteniendo el aparato con el hombro.
—Te envié unas fotos que evidencian la traición de tu novia —dijo una voz distorsionada, metálica, que me heló la sangre.
—¿Quién habla? —Solté los papeles, enderezándome en la silla. Mi tono se volvió gélido en un segundo.
—Mi identidad no importa, lo que debería preocuparte es la información que tienes en tus manos.
—No pierdo el tiempo con anónimos —aseguré, tratando de mantener la compostura, aunque el corazón empezó a latirme con fuerza en la garganta.
—¿Por qué no verificas dónde está ella en este momento? ¿Y con quién se ha encerrado en una habitación de hotel?
La llamada se cortó. Con las manos temblorosas, abrí la galería de mensajes. El aire se escapó de mis pulmones. Eran fotos de Amber y Dylan Lugo. Caminaban juntos, riendo, y finalmente... entrando a una suite. Sentí una punzada de dolor tan aguda que me costó respirar. Intenté llamarla, pero su celular estaba fuera de área.
La duda se convirtió en una rabia ciega. Salí de la oficina dejando el despacho en un caos, bajé las escaleras de emergencia de dos en dos y me lancé a mi Ferrari. Crucé la ciudad como un loco, ignorando semáforos y límites de velocidad. En mi mente solo se repetía una imagen: Amber en los brazos de mi peor enemigo.
(***)
Al llegar al hotel, el poder de mi apellido me abrió las puertas que la recepcionista intentó cerrarme. Subí al piso indicado y, tras sobornar a una camarera para que me abriera, irrumpí en la habitación.
La escena fue el golpe final. Dylan estaba allí, de espaldas al ventanal, con el torso desnudo y la respiración agitada. Parecía haber terminado de realizar un gran esfuerzo físico.
—¿Qué pasa, Christopher? —me preguntó con una calma que me resultó insultante.
No hubo palabras. Me abalancé sobre él con la furia de un animal herido. Le descargué un golpe certero en el rostro que le partió el labio y la nariz. La sangre salpicó la alfombra, pero yo no podía parar. Rodamos por el suelo en una pelea brutal. Lo golpeé una y otra vez, descargando en cada impacto toda la traición que sentía quemándome las entrañas.
Amber
Escuché el escándalo desde el baño. Salí apresuradamente, poniéndome la chaqueta de Dylan para cubrir mi blusa estropeada, y lo que vi me dejó petrificada. Christopher estaba encima de Dylan, ensañándose con él. Su rostro estaba transformado; tenía una mirada siniestra, casi demoníaca.
—¡CHRISTOPHER! ¡DETENTE! —grité, intentando apartarlo.
Él se detuvo y me miró. Nunca olvidaré esa mirada: era puro desprecio. Se puso de pie, me tomó del brazo con una fuerza que me hizo gemir y, antes de que pudiera decir una palabra, sentí el impacto de su mano contra mi rostro. Una bofetada tan fuerte que me partió el labio y me mandó al suelo.
—¡Perra! ¡Zorra! —me gritó con la voz rota—. ¡Y yo como un estúpido creyendo en ti! ¿Desde cuándo me engañas con esta basura?
Entré en shock. Quería explicarle lo de la mancha, lo de la blusa, pero el dolor y el miedo me cerraron la garganta. Solo podía llorar mientras el personal de seguridad irrumpía en la habitación. Me sacaron de allí como si yo fuera la criminal.
Bajé al estacionamiento como pude, temblando, y subí a mi auto. Solo quería desaparecer. Pero apenas arranqué, vi el Ferrari de Christopher en el retrovisor. Empezó a perseguirme, acosándome, cerrándome el paso. La potencia de su motor rugía detrás de mí como una bestia hambrienta.
«Esto debe ser una pesadilla... No puede estar pasando», pensaba mientras pisaba el acelerador a fondo, tratando de escapar de aquel hombre que ya no reconocía.
En un giro desesperado para perderlo, perdí el control. El chirrido de las llantas fue lo último que escuché antes del impacto violento contra la parte trasera de una camioneta. El mundo se volvió metal retorcido y humo. Sentí un dolor punzante y luego, la oscuridad absoluta se tragó mis gritos.
Christopher
Frené en seco, dejando una marca negra en el asfalto. El humo del accidente nublaba mi visión, pero podía ver el auto de Amber destrozado bajo el chasis de la camioneta. El silencio que siguió al estruendo fue aterrador…
En la habitación de huéspedesChristopher:—Ya mi amor, no hay nada que perdonar —expresé—Los tres son mi vida. Primero muerto que separarme de ustedes. Sin ustedes mi vida no tiene sentido. Así que, hasta aquí, las lágrimas. Ahora vamos a disfrutar. ¿A dónde quieren ir? —pregunté, desligándome del trabajo.Mis hijos comenzaron a brincar y a gritar de felicidad. Estaban alegres porque sus padres no se divorciarán. Esto me mostró lo que necesitaba saber sobre cuánto habían cargado en silencio.Amber me abrazó por la cintura y besó mi pecho.—Te prometo que no habrá más castigo así —me susurró—. Especialmente, por el bienestar de nuestros hijos, que estaban sufriendo sin decir nada.—Y yo prometo no dejarme castigar por tanto tiempo —respondí, mordiéndole suavemente los labios y pasando mis manos por sus caderas.—Que sea el último conflicto entre tú y yo por culpa de otra mujer —exigió ella con firmeza.—Sí, mi amor. Vamos de una vez —la animé.Esa tarde la pasamos con los niños en el
Dos meses después...Christopher:Llevaba ocho semanas durmiendo en la habitación de huéspedes. Al principio intentamos disimularlo, pero Amber terminó sacándome de nuestra habitación con esa determinación que no negocia cuando está herida de verdad.El personal de la mansión lo sabía. Nadie había dicho nada a nuestras madres, ni a Piero. Era un silencio que pesaba más que cualquier conversación. Me dediqué a trabajar. Era lo único que podía controlar. Esa mañana, Elián me encontró en la oficina con la chaqueta arrugada y los ojos apenas abiertos.—¿Te quedaste a dormir aquí? —me preguntó, mirando la habitación personal del despacho.—Me venció el sueño sobre el escritorio. Voy a casa a descansar un par de horas y vuelvo por la tarde.—¿Avisaste a Amber? —me preguntó él nervioso.—No. Cuando me dormí no era mi intención quedarme —respondí. Elián guardó silencio un momento, con discreción.—Génesis, me dice que Amber tiene insomnio. Y que tiene muchos problemas en el bufete —me comentó
Un año después...Amber:Llegamos a la mansión del procurador con los dos niños un martes por la tarde, sin avisar, solo porque Chris estaba cerca y quería saludar a su padrino. Fue Rocío quien nos abrió la puerta.La saludé. Me correspondió con lo justo y necesario, y después dirigió toda su atención a los niños y a Chris, como si yo no estuviera presente. No era la primera vez.—Mi amor, creo que nunca me va a tragar —le dije a Chris en voz baja, mientras Rocío subía a avisar a su padre—. Me saluda al llegar y después me ignora por completo. Lo extraño es que entre ella y yo nunca ha habido ningún enfrentamiento directo.—Ha cambiado mucho —respondió él—. Pero esa parte de la rebeldía todavía no del todo. No te preocupes.—He intentado acercarme para hacer las paces. Por lo que veo, ella no piensa lo mismo.El procurador bajó poco después con el hijo de Joshua y Angie de la mano, quien había pasado el día con él mientras sus padres atendían un evento en el hotel. Nos saludó con esa
En SantiagoChristopher:Al mes de nacida Ángela María, nuestra ahijada y cuñada al mismo tiempo, celebramos su nacimiento con una parrilla en familia en nuestra propia mansión. Para esto invitamos a todos nuestros familiares y amigos más allegados.Reunimos a mis padrinos con Luz, a Angie y Joshua con su hija Luna, a Génesis y Elián con Sol, y más tarde llegaron Daniela y Thiago con Arantza, y mi madre. Rocío estaba de viaje, trabajaba para su padre.Luna y mi Amber Joana se miraron esa noche con la seriedad de dos personas que todavía no tienen vocabulario, pero ya tienen opiniones. Nacieron con un mes de diferencia y ya se comportaban como si llevaran años conociéndose.Fue una noche de luna llena, cargada de esa electricidad que a veces tienen las noches de verano cuando todo el mundo está bien y nadie tiene prisa por irse. Estuvimos reunidos casi hasta el amanecer.Al día siguiente, bien entrada la mañana me desperté antes que Amber y me quedé un momento simplemente mirándola. La





Último capítulo