Mundo ficciónIniciar sesiónEn el retén policial
Al ingresar al recinto carcelario, Amber fue escoltada hasta una celda donde cinco reclusas la recibieron con risas burlonas y miradas cargadas de intención. Era evidente que la estaban esperando.
En cuanto, la celadora les dio la espalda, el grupo se cerró sobre ella. Le rodearon en un círculo amenazante, mientras intercambiaban palabras que presagiaban un ataque inminente.
—¡Carne joven muchachas! ¡Le vamos a dar una gran bienvenida! —Gruñó una de ellas.
—¡No, no esperemos más! ¡Debemos dar a esta… perra, su merecido! Para que no traicione a nadie más, para eso nos pagaron —alegó la otra.
—¡Ja! ¡Para que no robe más información! —comentó la tercera, propinando el primer golpe en el abdomen a Amber. Provocando con esto, la risa de las demás.
Acto seguido, cuando levantó su rostro fue fuertemente abofeteada. Con esto, le partieron el labio y comenzó a sangrar. Aunado a que le volvieron a golpear con fuerza en el abdomen, lo cual la hizo doblarse. Entretanto, dos la sostenían por los brazos.
Ella, no pudo protegerse ni defenderse, a pesar de su preparación en las artes marciales. Entre todas la golpearon y patearon al caer al piso. Amber solo se quejó, aunque de su boca casi no salían sonidos, debido a la debilidad que presentaba.
Sin piedad, las cinco reclusas comenzaron a empujarla con violencia, lanzándola de un lado a otro como si su cuerpo no fuera más que un objeto de distracción. Tras el asedio inicial, arreciaron con golpes directos que Amber apenas podía mitigar.
—¡No! ¡Por favor, suéltenme! ¡Suel...! —suplicó ella con un hilo de voz, hasta que la debilidad la venció y el mundo se desvaneció en sombras. Mientras caía desmayada sobre el frío suelo de la celda, una mancha de sangre comenzó a extenderse rápidamente por su pantalón, delatando la gravedad del daño sufrido».
Amber fue trasladada a la enfermería, donde la doctora, al examinarla, encontró sangrado y fluidos que salían por la vagina, lo cual, era un síntoma común de aborto. Al hacer este diagnosticó, solicitó su traslado a un hospital, lo cual le fue negado por la directora.
La funcionaria, le negó el traslado por complacer la petición de su amigo Christopher. Él se había comunicado con ella, para solicitar que no hubiera consideraciones, ni privilegios con esta detenida. Ante esta situación, la directora del penal hizo todo lo que estuvo a su alcance.
Obviamente, las condiciones dentro del retén no eran las más favorables. Al día siguiente, Amber despertó con fuertes dolores, pero sus quejidos eran muy débiles, pocos audibles, evidenciando claramente lo débil que se sentía.
En virtud de todo esto, la galena del penal le suministró el tratamiento correspondiente y le pidió que durmiera. Por lo demás, la directora, se comunicó con Christopher y le informó lo que había ocurrido, incluso que la joven había abortado.
—¿Qué demonios dices? —Preguntó Christopher descontrolado— ¿Estaba embarazada? ¿Abortó? ¿Por qué la golpearon? —Gruñó fuerte exigiendo respuestas.
—Según la doctora del recinto, de la golpiza que le dieron le sobrevino el aborto —afirmó— Y no sé por qué la golpearon, ni quienes lo hicieron. Voy a dar la orden para que se investigue —aseguró, sin la mínima intención real de hacerlo.
—¡Maldición! —Gruñó él preocupado, porque tampoco había deseado que ocurriera algo así— Te voy a agradecer, me mantengas al tanto de lo que pase con ella —pidió.
—¡Con gusto! —Respondió sonreída, porque siempre se había sentido atraída por su amigo. Solo que cuando se vino a dar cuenta, ya estaba en planes matrimoniales, precisamente con esta detenida.
Christopher, al colgar la llamada se llevó las dos manos a su rostro. Cerró sus ojos y no dejó de pensar en ese aborto con rabia, pero también con pesar. Cuando analizó esto, concluyó que podía ser de él.
«¿De quién sería el bebé?», se preguntó internamente y fue algo que le ocupó sus pensamientos ese día, cuestionándose si era de él o de Dylan. No obstante, los celos y la rabia, no lo dejaron razonar lógicamente.
Ese mismo día, Christopher fue informado por su secretaria, que tenía una visita, Génesis, la amiga de Amber. Ella, solicitó hablar con él, para implorar su ayuda, porque su amiga era inocencia. No obstante, él no la recibió.
En vista de esto, salió llorando y decidió buscar ayuda en otra parte. Se fue hasta la Corporación de Dylan Lugo, el hombre al que supuestamente, su amiga le facilitó o le vendió la información, quien, por cierto, sí la recibió.
—¡Señor Lugo, disculpe le moleste! Soy Génesis Bryan, amiga de Amber. No sé, si sabe que ella fue detenida. Está en el retén —enfatizó, esperando una respuesta favorable, porque su amiga siempre le comentó que él nunca le quitaba la miraba.
—¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cómo qué fue detenida? —Interrumpió él violentamente, levantándose de su silla.
—Christopher Morillo le acusó de haber robado información de su empresa, para favorecerlo a usted. Por esta razón, está en el retén detenida —explicó Génesis.
—¡Pero, eso es absurdo! ¿Qué información? ¿Está loco? ¿Cómo la acusa así? ¡El salvaje ese! Así es, como le demuestra lo que dice que le ama —gruñó, recordando la golpiza que le dio y por la cual aún no ha denunciado a Christopher.
—Es sobre una información vinculada con las licitaciones —añadió ella.
—¡Gané de forma honesta la licitación! —Aseveró él— Ya hablo con mis abogados para que asuman su defensa. ¡Quédate tranquila, Génesis! Que yo me encargo de que salga como sea —sostuvo este.
—¡Se lo voy a agradecer, señor! En todo caso, al salir Amber, entre las dos le pagaremos todos los gastos que se generen —aseguró ella.
—¡Cálmate! Estaremos en contacto —Aseveró él, llamando a su abogado, en presencia de ella y se puso de acuerdo para visitarla en el retén.
(***)
Entretanto, en el retén, Amber recuperando su conciencia y adolorida, preguntó.
—¿Dónde estoy? ¿Por qué me siento tan mal? —interrogó, mirando a la doctora.
—Primero, recibiste una fuerte golpiza —refirió la galena—. Segundo —haciendo una prolongada pausa— ¡perdiste a tu bebé!
—¿Cómo que perdí a mi bebé? —Interrogó con un fuerte asombro— ¿Estaba embarazada? ¡Dios mío, no puede ser! —Exclamó, tratando de incorporarse, dejando que sus lágrimas corrieran por sus mejillas, sintiendo un fuerte dolor en su pecho.
Amber no lo podía creer y menos cuando estuvo siete días en UCI, a consecuencia del accidente que le provocó Christopher. Luego estuvo siete días más, recuperándose en una habitación y ninguno de los médicos que le atendió, le informó que estuviera embarazada.
—¿No sabías que estabas embarazada? —cuestionó la doctora, incrédula.
—No —respondió Amber, moviendo la cabeza de un lado a otro, agregando— no lo sabía.
—Quise trasladarte a un hospital, pero no me lo permitieron. Alguien influyente por lo visto te quiere encerrada aquí, sin beneficio alguno.
—¡Dios mío! —Exclamó ella dolida reconociendo que esto fue obra de Christopher— ¡Esto no me puede estar pasando…! Seguro es una pesadilla y en cualquier momento me voy a despertar —aseguró, temblando e intentando levantarse de la camilla.
—¡Debes tranquilizarte! No te levantes, prefiero que te quedes acostada, estarás mejor aquí en la enfermería que en la celda —le aseguró la doctora.
Una semana después…
Tras verificar su mejoría, la doctora firmó el alta de Amber. Pero no sin antes ofrecerle un refugio: quedarse en la enfermería mientras gestionaba el permiso con la dirección. Amber, consciente de su vulnerabilidad, aceptó de inmediato.
Lo que más inquietaba a la médico, era la absoluta inacción de la encargada del retén. No hubo interrogatorios, ni investigaciones, ni castigos para las agresoras. Era como si el ataque contra la nueva interna hubiera sido un evento planificado y silenciado por la propia autoridad.
Como era de esperarse, la directora rechazó la solicitud de inmediato. Sin embargo, la doctora la obligó a encarar la realidad: si algo más le sucedía a la interna, la responsabilidad recaería directamente sobre su cabeza.
Al no haber investigado el ataque ni castigado a las culpables, su negligencia la equiparaba legalmente con las agresoras. Ante la contundencia de esta advertencia, la directora cedió.
Al día siguiente, Amber comenzó sus labores en la enfermería. Aquí, recibió la visita de Dylan y su abogado, quienes le juraron que moverían cielo y tierra para sacarla de aquel infierno.
Una semana después…
Amber recibió las visitas de su madre y su amiga, a quienes puso al tanto sobre la golpiza que recibió. Asimismo, les informó que, debido a esto, perdió a su hijo. Confesando a su madre que estaba embarazada y no lo sabía.
Igualmente, les habló sobre sus sospechas de que detrás de los golpes que recibió, estaba Christopher. Al parecer él pagó para que la golpearan.
Posteriormente, Amber fue informada de otra visita. Al llegar al área del penal dispuesta para esto, observó a quien nunca imaginó ver ahí...
—¡Amber, amiga! ¿Cuánto me duele verte encerrada aquí? —expresó con falsas lágrimas en sus ojos, Michelle Fontain.
—Gracias Michelle por visitarme. Nunca imaginé, al entrar aquí, que me visitarías ¡Me sorprendes! —exclamó asombrada, porque siempre intuyó que esta era un hipócrita.
«A ella le gusta Christopher y aprovechará cualquier situación para conquistarlo», pensó.
—¡Es que me duele lo que está pasando contigo! —Afirmó, fingiendo tristeza— Christopher anda con un humor de perros. Además, vine porque no me puedo callar ante tanta maldad, de su parte…







