Mundo ficciónIniciar sesiónDurante años, Elena Hart creyó que el amor era suficiente para sostener un matrimonio. Renunció a su carrera como la modelo más brillante del país, arriesgó su vida para darle una hija a Sebastian King y despertó de una cirugía con la noticia de que jamás volvería a ser madre. Los tratamientos la convirtieron en una mujer obesa y, desde entonces, dejó de ser la esposa que todos admiraban para convertirse en la vergüenza de la poderosa familia King. Su suegra la desprecia por no poder dar un heredero varón, su hija prefiere a otra mujer y su esposo ya no la mira como antes. Cuando la antigua novia de Sebastian regresa para ocupar su lugar, Elena comprende que permanecer solo significa seguir perdiéndose a sí misma. Decidida a divorciarse y recuperar su vida, descubrirá que marcharse será mucho más difícil de lo que imaginó, porque el hombre que dejó de desearla no piensa dejarla ir
Leer más«La mujer más afortunada del mundo: hasta una gorda puede casarse con un multimillonario».
— ¿Cual es la necesidad de molestar tan temprano? La notificación apareció en la pantalla del teléfono a las seis de la mañana, iluminando la habitación todavía oscura. Elena Hart abrió los ojos lentamente y observó el titular durante varios segundos. No necesitó entrar a leer la noticia. Ni siquiera necesitó mirar el nombre mencionado en el artículo. Sabía perfectamente que hablaban de ella y era la primera vez. Durante los últimos años, las redes sociales parecían haberse convertido en un deporte cruel donde miles de desconocidos competían para ver quién podía humillarla más. Algunos se burlaban de su peso. Otros afirmaban que había engañado a Sebastian King para quedarse con su fortuna. Incluso había quienes apostaban cuánto tiempo tardaría él en abandonarla por una mujer más joven y hermosa. Elena dejó el teléfono sobre la mesa de noche y giró la cabeza hacia el otro lado de la cama, que por supuesto estaba vacío, la mujer dejó ver un atizbo de sonrisa amarga. Las sábanas permanecían intactas, sin una sola arruga. Sebastian no había regresado a casa otra vez. Su pecho se contrajo con una punzada de dolor que ya comenzaba a resultarle familiar. Hacía años que él había dejado de compartir la cama con ella de manera habitual. Al principio existían excusas: reuniones de negocios, viajes inesperados, cenas con inversionistas. Después, simplemente dejó de dar explicaciones. Elena incorporó lentamente y caminó hacia el espejo. La mujer que la observó desde el reflejo era casi irreconocible, las mejillas redondeadas, la cintura desaparecida bajo varias capas de grasa y las profundas ojeras bajo los ojos contrastaban dolorosamente con las fotografías que todavía aparecían ocasionalmente en internet. Fotografías de cuando era modelo, de cuando desfilaba para las marcas más importantes del país y aparecía en portadas de revistas. A veces ni ella misma podía creer que aquella mujer hubiera sido ella, intentó acomodar una mechón de cabello detrás de la oreja y soltó una risa amarga. —Tal vez tienen razón —murmuró para sí misma—. Tal vez nadie entiende qué hace alguien como yo casada con Sebastian King. Sebastian el sueño de todas las mujeres, joven, brillante, poderoso, Heredero único de King Global Group. su sola aparición en cualquier evento provocaba titulares, rumores y suspiros y ella...Ella era la mujer que todos consideraban una desgracia para su imagen. Una mujer obesa. Una esposa que ya no podía darle más hijos. Una carga. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una pequeña carcajada proveniente del pasillo. La expresión de Elena cambió de inmediato, aquella risa tenía el poder de iluminar incluso sus días más oscuros. Lily. Su hija. Una sonrisa sincera apareció finalmente en sus labios, al menos tenía a Lily y por ella volvería a elegir exactamente la misma vida una y otra vez. Porque, aunque aquel embarazo le había costado la salud, su carrera y la posibilidad de volver a convertirse en madre, jamás se arrepentiría de haber traído a su hija al mundo. Tomó una blusa amplia y unos pantalones cómodos del armario. Desde que había aumentado de peso, dejó de comprar ropa bonita. Ya no tenía sentido. La mayoría de las prendas que encontraba en las tiendas de lujo ni siquiera existían en su talla, se vistió rápidamente y salió de la habitación. Estaba a punto de dirigirse al cuarto de Lily cuando una voz proveniente de la habitación principal de la mansión la hizo detenerse, era su suegra. Margaret King. —Hijo, ¿cuándo piensas divorciarte de esa mujer que ya no está a tu altura? — La voz de Margaret se escuchaba con determinación, pero tambien había desprecio. — Madre, no es momento para hablar de eso — En cambio Sebastian parecía ser más débil ante su madre. — Sebastian, ya es el momento, esa mujer ya no está a tu altura, mírala y mírate a ti, eres un hombre guapo ¿Qué haces casado con una obesa? Cualquier mujer querrá estar a tu lado. Ella es una inútil, un estorbo innecesario en tu vida. Divorciarte de ella es lo correcto. Elena sintió que la sangre abandonaba su rostro, divorciarse, aquella palabra cayó sobre ella como una cuchilla afilada, e quedó inmóvil, sin respirar, sin moverse, sin atreverse siquiera a pensar, durante mucho tiempo había sentido cómo Sebastian se alejaba de ella. Cada mirada distante, cada noche fuera de casa, cada conversación cortada antes de comenzar le habían dejado claro que algo había cambiado. Pero jamás había escuchado la palabra divorcio pronunciada en voz alta, no hasta ahora, intentó escuchar la respuesta de su esposo, la voz grave de Sebastian llegó amortiguada desde el interior de la habitación. — ¡Madre! — Pero Margaret vuelve a hablar y esta vez cada sílaba atravesó su corazón. —Esta familia necesita un heredero. Un heredero varón. Y esa mujer ya no puede volver a tener hijos. Lo sabes tan bien como yo. Ya no tiene ningún valor. "Ningún valor." Las palabras resonaron dentro de su cabeza una y otra vez, todo parece estar cerca de colapsar dentro de ella, Elena traga saliva con fuerza, sabía que no era del agrado de su suegra, pero nunca la había escuchado diciendo que ella no tenia: "Ningún valor". Como si fuera un objeto, como si fuera mercancía defectuosa, como si todos los años que había dedicado a aquella familia no significaran absolutamente nada. Sus dedos comenzaron a temblar. Recordó la sala de operaciones, la hemorragia, los médicos, el momento en que le dijeron que salvarían su vida, pero que jamás podría volver a quedar embarazada, todo aquello ocurrió para traer a Lily al mundo y ahora la reducían a una mujer inútil. Retrocedió un paso, luego otro, las lágrimas comenzaron a nublar su visión. Entonces su cadera golpeó accidentalmente un jarrón decorativo. El objeto cayó al suelo, el estruendo rompió el silencio de la mansión. Y, por primera vez en varios años, Elena escuchó la voz de Sebastian sonar alarmada al otro lado de la puerta. —¿Elena? El corazón de Elena se detuvo.La sala de operaciones permanecía sumida en una tensión casi insoportable mientras las luces quirúrgicas iluminaban el cuerpo inmóvil de Damian Müller. Afuera, detrás de las puertas de seguridad, varios hombres permanecían apostados sin apartarse un solo instante, mientras otros vigilaban los accesos de aquella clínica privada en Tokio que había sido convertida prácticamente en una fortaleza desde el momento en que el Heredero llegó herido. Nadie entraba sin autorización, nadie salía sin ser registrado y ningún miembro del personal desconocía que la vida del hombre que se encontraba sobre aquella mesa podía cambiar el equilibrio de poder de organizaciones enteras.—La presión está cayendo —advirtió uno de los cirujanos mientras observaba los monitores.—Mantengan la transfusión.—Estamos perdiendo demasiado tiempo.—No tenemos tiempo que perder —respondió el cirujano principal, manteniendo la concentración mientras trabajaba con precisión—. Retiren la sangre acumulada y prepárense par
Sebastian abrió completamente la puerta y entró en la habitación sin pronunciar una sola palabra. Vanesa, que se encontraba sentada frente al tocador mientras revisaba su teléfono, levantó inmediatamente la mirada al escuchar el sonido de la puerta cerrándose detrás de él. Durante un instante creyó que aquella visita podía significar que finalmente había conseguido despertar alguna preocupación en el hombre, pero bastó observar la expresión de su rostro para comprender que algo había cambiado, el permaneció de pie junto a la puerta, con las manos relajadas a los costados y una mirada tan fría que Vanesa sintió que un escalofrío le recorría la espalda.—Sebastian, ¿ocurre algo? — Pregunta ella con cautela. Él soltó una pequeña risa sin humor.—Sí Vanesa, suceden muchas cosas — Vanesa se levantó lentamente.—¿Qué sucede?Sebastian avanzó unos pasos, sin apartar los ojos de ella.—Ya lo sé todo.El color desapareció lentamente del rostro de Vanesa.—No sé de qué estás hablando.—Deja de
La tensión dentro de la Residencia King había comenzado mucho antes de que Sebastian cruzara la puerta principal, porque Margaret llevaba varios minutos caminando de un extremo al otro del salón con los brazos cruzados sobre el pecho, observando el reloj cada cierto tiempo mientras esperaba que su hijo regresara, y cuando finalmente escuchó sus pasos aproximándose por el corredor, levantó el rostro con una expresión que anunciaba una discusión inevitable.—Tenemos que hablar —dijo Margaret, colocándose frente a él antes de permitirle avanzar.Sebastian se detuvo y la observó con cansancio, aflojándose lentamente el nudo de la corbata mientras intentaba conservar la calma, aunque desde el primer instante comprendió que aquella conversación no tendría nada de tranquila.—Si se trata de Elena, no tengo nada más que decirte.—Precisamente se trata de Elena —respondió Margaret con evidente molestia, siguiendo cada movimiento de su hijo con una mirada acusadora—. Desde que regresó a tu vida
La noche había caído sobre la ciudad, pero en aquella parte del mundo nadie parecía dispuesto a dormir. En una habitación protegida por hombres armados, con las cortinas cerradas y varias pantallas encendidas mostrando mapas, fotografías y movimientos de vehículos, Tomas Thouchel permanecía de pie frente a una mesa de cristal mientras escuchaba el informe que acababa de llegar desde Asia. Su expresión, que hasta hacía unos minutos había mantenido aquella tranquilidad propia de un hombre acostumbrado a ordenar la muerte de otros, comenzó a endurecerse cuando escuchó las últimas palabras del informante.—Repítelo —ordenó Tomas con voz baja, girándose lentamente hacia el hombre que acababa de entrar.—El Heredero Damian Müller fue atacado en Tokio. Las primeras informaciones indican que recibió heridas graves durante una persecución, pero todavía no hemos conseguido determinar dónde se encuentra exactamente. Su gente ha cerrado prácticamente todos los accesos y nadie permite acercarse al





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