Capítulo 8. Alguien los sigue...
Amber
El aire todavía vibraba con la energía del choque, ese olor a caucho quemado y metal retorcido que se te queda pegado en la garganta. Sin embargo, apliqué una frialdad quirúrgica para ignorar la presencia de Christopher. Para mí, en este momento, él no era el hombre que alguna vez ocupó mis noches y mis sueños.
Él era un obstáculo mecánico, una molestia metálica que amenazaba con hacerme llegar tarde a la cita más importante de mi nueva carrera. Miré mi reloj de pulsera con un tic nervioso