Mundo ficciónIniciar sesiónEn el recinto carcelario
Amber, al pasar por las puertas de seguridad de la cárcel, observó a su mamá, su amiga y a Dylan. Ella caminó lentamente hacia ellos, sin mirar hacia atrás. Llegó a los brazos de su madre, con quien se abrazó y lloró de felicidad al saberse libre.
—¡POR FIN, LIBRE! —Gritó, abrazando a su madre primero, después, a los otros dos.
—¡Bienvenida, mi reina bella! —Saludó Dylan con un fuerte abrazo. Luego, se montó en su camioneta para ir con ellas, a un restaurante.
—¡Gracias, amigo! —Agradeció Amber— Realmente, me has sorprendido. ¡Estoy infinitamente agradecida, igual a tu abogado! —Agregó, dedicando su mejor sonrisa.
Cuando llegaron al restaurante, él descorchó una botella de vino y brindó por Amber. Luego, pidieron la comida y estuvieron aproximadamente dos horas, hasta que las llevó a las tres, a la casa de Génesis. No obstante, antes de despedirse, le pidió que aceptara cenar esa noche con él.
Sin embargo, ella pensando en su mamá y en todo lo que debían hablar y hacer para iniciar una nueva vida, le pidió que lo aplazare para otro día. Agregando, que con mucho gusto lo acompañará, pero ese día quería estar con su mamá.
—Sé que deseas organizarte y comenzar a trabajar. En mi empresa, siempre habrá un puesto para ti. Por favor, avísame, ya hablé con mis abogados y ellos, no tienen problema en integrarte a su equipo.
—Realmente, Dylan no sé cómo pagar todo lo que has hecho por mí, durante todos estos meses. ¡Gracias, por tanta bondad de tu parte! Y aquí estoy… lista para comenzar de una vez —aceptó ella, ansiosa.
—¿Sabes? Necesito que mi libertad sea un secreto por ahora. Te pido que mantengamos un perfil bajo, que no hagamos ruido —suplicó ella con una discreción absoluta.
—¡No te preocupes! Por mi parte no hay problema —respondió él, aunque su ansiedad era evidente—. De hecho, tenía una propuesta, pero tienes razón: mejor vamos a sorprender al mundo y a quienes te hicieron daño, ¿te parece?
—¿Qué tenías en mente? —preguntó ella, entornando los ojos y llevando su dedo índice a la sien en un gesto de profundo análisis.
—En un mes celebro el aniversario de la empresa y soñaba con que fueras mi anfitriona. Pero si prefieres, puedo posponer la fecha —anunció él con determinación.
—Me parece perfecto. Eso me dará el margen necesario para preparar un retorno triunfal en ese evento.
—Hecho, moveré la fecha. ¿Cuánto tiempo necesitas para estar lista?
—Dos meses —sentenció ella con una media sonrisa que presagiaba una tormenta.
Dos meses después…
El día señalado finalmente llegó. Amber no se presentó en el bufete; en su lugar, se entregó a una metamorfosis radical. Transformó su melena cortándola y tiñéndola de un castaño claro que caía suelto sobre sus hombros, dándole un aire renovado y juvenil.
Su belleza era indiscutible: una piel canela de textura impecable y unos ojos verde olivo que brillaban con una intensidad radiante. Sus labios, carnosos y perfectamente definidos, eran el centro de un rostro de porcelana.
Para su entrada triunfal, eligió un vestido de corte sirena en el mismo tono de su mirada, una prenda que se adhería a su figura como una segunda piel. El diseño, audaz y provocativo, destacaba por una abertura lateral que nacía en la cadera.
Al verla entrar al salón de la recepción, Dylan quedó mudo, simplemente maravillado. Amber no solo estaba hermosa; deslumbraba con un aura de poder que él nunca le había conocido.
—¡Guau! —exclamó él, incapaz de contener la emoción—. Te deseo el mayor de los éxitos en este, tu debut como anfitriona. Estás... divina.
Dylan la observaba como quien contempla a una diosa, lamentándose en silencio por no haber luchado más por ella antes de que Christopher apareciera en su vida.
—¡Tú también estás muy guapo! —confirmó ella con una sonrisa magnética, sosteniéndole la mirada con una confianza nueva.
—Gracias, Amber. Viniendo de ti... —Dylan inhaló profundamente, hinchando el pecho ante el halago—, es el mejor cumplido que he recibido.
—Bueno, ya estoy lista para ser tu mano derecha. Dime, ¿por dónde empezamos? —preguntó ella, revelando una hilera de dientes perfectos en una sonrisa que, aunque amable, escondía una determinación de acero.
—¡Te quedas aquí conmigo! Vamos a recibir, saludar y dar la bienvenida a todos los invitados. Esto será inicialmente, luego serás mi compañera por toda la noche.
—¡Perfecto! —Expresó ella, sonriendo nuevamente, lo cual le hacía ver más bella y hermosa de lo que estaba.
De inmediato, Amber asumió su rol con una profesionalidad impecable, recibiendo a cada invitado con una calidez que cautivó a los presentes. Tras la llegada del último asistente, Dylan tomó la palabra con un discurso inspirador.
Sin embargo, el momento cumbre llegó cuando ambos abrieron la pista de baile. La química entre ellos fue instantánea y no pasó desapercibida. En cuestión de minutos, las redes sociales se inundaron de fotos y videos.
Los invitados especulaban con entusiasmo sobre la misteriosa y deslumbrante nueva pareja de Dylan. El clip de su baile se volvió viral en tiempo récord, acumulando miles de comentarios favorables.
Una imagen en particular dio la vuelta al mundo digital, titulada simplemente como "la mujer del vestido verde olivo", resaltando cómo la prenda hacía brillar sus intensos ojos. Esa noche no solo fue un triunfo para la empresa y para Dylan, sino la consagración del renacimiento de Amber.
—¡Amber! ¡Gracias, mil gracias! —exclamó Dylan, desbordante de euforia al ver el éxito rotundo del evento.
—Gracias a ti —respondió ella con una sonrisa serena—. Todo esto es el fruto de tu impecable organización y esfuerzo.
—Puede que sí, pero tu presencia fue el factor determinante —aseguró él con convicción—. Solo basta con ver las redes sociales; los comentarios y los memes no se detienen. Te has convertido en el alma de este aniversario.
—¡Gracias! —contestó ella, satisfecha.
—¡Eres excelente! ¿Te imaginas nosotros como pareja? —Cuestionó él, soltando una fuerte carcajada, levantando a esta, entre sus brazos. Amber, sintió como su cuerpo se tensó.
—¡DYLAN! ¡DYLAN! ¡Bájame, por favor! Me mareo —Gritó ella, perturbada por sus palabras.
A pesar de estar muy agradecida con él, no quería crear falsas esperanzas. Después, de culminar la fiesta antes de dejarla en el apartamento, Dylan le consultó:
—¿Aceptarías que te ayude con un apartamento, para que puedas tener más comodidad e intimidad con tu mamá? —inquirió él.
—Ese error, como muchos otros, no lo vuelvo a cometer en mi vida ¡Discúlpame! Te agradezco con todo mi corazón, pero ¡ya! —declaró moviendo sus manos.
» De aquí en adelante, soy la responsable de la vida, tranquilidad y bienestar tanto de mi madre como de la mía propia.
—Sé qué eso, tiene nombre y apellido; pero ¿sabes? No todos somos como él, te lo aseguro —juró este, mirándola con ternura…







