Mundo ficciónIniciar sesiónAnya, la Anuladora, posee un don peligroso: la capacidad de silenciar la magia, incluso el vínculo ineludible de la Luna. Cansada del destino forzado, ha pasado toda su vida negando la existencia de un alma gemela, decidida a vivir libre. Pero su secreto es un imán en un mundo al borde de la guerra. Kael Draconis es el formidable Alfa Supremo de la manada más poderosa, un hombre tan letal como oscuro, cuyo pasado trágico lo ha convertido en un tirano. Cuando la aterradora Plaga de la Ceniza amenaza con aniquilar a su gente, Kael ve en Anya no a su pareja, sino a su única arma de salvación. Con un acto de dominio despiadado, Kael la obliga a llevar La Marca del Alfa Prohibido: un anillo ancestral que los ata de por vida y expone las debilidades más profundas de él a su Anuladora. Ahora, Anya está atrapada en la fortaleza Draconis, forzada a una convivencia explosiva con el hombre que debería odiar, pero cuyo toque enciende un fuego que no puede apagar. Su unión es un campo de batalla donde la negación es la única defensa. Mientras el vínculo se profundiza con una química prohibida y el peligro de la Ceniza los obliga a unirse, Anya debe tomar una decisión: ¿Usará su poder para anular la marca y recuperar su libertad, o abrazará el destino impuesto para salvar al Alfa Oscuro que le robó la voluntad... y el corazón? Enemies-to-Lovers. Mate forzado. Un vínculo demasiado peligroso para amar.
Leer másCapítulo 1 —Completa y jodidamente, atractivo
Narrador:
La sala de la ONG estaba tranquila, con las sillas acomodadas en círculo mientras algunos de los asistentes iban llegando poco a poco. Nadia estaba allí, sentada en una de las sillas, con los dedos entrelazados sobre su regazo. No tenía idea de por qué había aceptado quedarse a la reunión cuando lo único que necesitaba era un trabajo, pero algo en la calidez de Ismael la había convencido. A su alrededor, los jóvenes iban tomando asiento, cada uno con sus propias historias, con sus propias cargas. Había una sensación de comunidad, de entendimiento tácito entre ellos, aunque Nadia aún no se sintiera parte de eso. Y entonces, la puerta se abrió de golpe. El impacto resonó en toda la sala, haciendo que todos giraran la cabeza al mismo tiempo. Dos hombres entraron. El primero, joven, con el cabello despeinado y la ropa desarreglada, forcejeaba inútilmente contra el agarre de quien lo traía a rastras. El segundo… Nadia sintió su estómago retorcerse.Pues el segundo hombre era puro poder contenido, una tempestad vestida con un impecable traje de sastre. Su cabello negro estaba peinado con precisión, y sus ojos azul intenso perforaban la sala con una frialdad que la hizo estremecer. Su presencia lo llenaba todo, como si el aire mismo tuviera que hacerle espacio. Massimo D’Amato. No necesitaba preguntar quién era. Ese tipo exudaba peligro, dominio, control absoluto sobre todo lo que lo rodeaba. Su mandíbula estaba tensa, la expresión severa mientras empujaba al joven a una de las sillas con un movimiento brusco.
—No vas a ninguna parte, mal*dito imbécil. —Su voz fue un gruñido bajo, cargado de autoridad.
El joven bufó, intentando ponerse de pie, pero Massimo le hundió los hombros con ambas manos, obligándolo a quedarse quieto.
—Juro que te mataré en cuanto apartes tus manos de mí —masculló el chico entre dientes.
Massimo sonrió, una sonrisa oscura, sin un ápice de humor.
—Quisiera verte intentarlo.
Nadia parpadeó, atrapada en la escena. El aire estaba tenso, cada persona en la sala contenía el aliento. Ismael carraspeó, intentando suavizar la situación.
—Bien, ahora que todos estamos aquí, podemos comenzar…
Massimo soltó un resoplido pero finalmente dejó de sujetar al joven, aunque no se alejó mucho, quedándose de pie justo detrás de él con los brazos cruzados. Nadia no podía apartar los ojos de él. Era… intimidante. Además de completa y jodidamente, atractivo. Cuando sus miradas se cruzaron, sintió que algo eléctrico la atravesaba. No fue ella la única en notarlo. El joven al que Massimo había traído forzado sonrió con diversión al ver la forma en que Nadia lo miraba.
—Bueno, bueno… esto es interesante.
Massimo, que había vuelto a concentrarse en la reunión, frunció el ceño y miró al chico.
—¿Qué mie*rda estás diciendo ahora?
El chico se echó hacia atrás en la silla con una sonrisa burlona y señaló a Nadia con la cabeza.
—Que cada vez que la miras, ella se pone colorada como un pu*to tomate. —El aire se volvió denso. Massimo giró la cabeza lentamente, sus ojos clavándose en Nadia. Ella sintió que el calor le subía por el cuello, por las mejillas, hasta arder en su piel. Mie*rda. No quería reaccionar así, no quería darle la razón a ese maldito entrometido, pero su cuerpo la traicionaba. El chico soltó una carcajada. —Venga, Massimo, no me jodas… a ti también te gusta.
—Cierra la boca.
Su tono fue un filo de navaja, una advertencia envuelta en hielo. Pero el chico solo se encogió de hombros, disfrutando de la incomodidad palpable en el ambiente. Nadia, muerta de vergüenza, se puso de pie con rapidez.
—Tengo que irme.
Salió de la sala antes de que alguien pudiera decir algo más. Pero no llegó muy lejos. Apenas había puesto un pie en la vereda cuando sintió una mano atrapándola del brazo con firmeza, obligándola a detenerse. Su respiración se aceleró. Giró la cabeza lentamente… y se encontró con Massimo. Su agarre no era brusco, pero tampoco era suave. Era un recordatorio de su control. De que cuando él quería algo, lo tomaba.
—Discúlpalo, es un idiota —murmuró él, con su voz baja y profunda. —Mi hermano, cuando no es el centro de atención, hace estas cosas sin medir las cosecuencias.
Nadia se quedó mirándolo, sintiendo su aliento errático.
—No se preocupe, igual ya tengo que irme…
Intentó soltarse, pero Massimo no la dejó.
—Deja que te lleve.
Su tono no era una petición.
Nadia sonrió con ironía, aunque aún sentía la piel ardiendo donde él la sujetaba.
—No hace falta. Su hermano lo necesita más.
Massimo entrecerró los ojos, como si evaluara sus palabras. Luego, lentamente, su mano se deslizó de su brazo, dejando tras de sí una sensación punzante de ausencia. No dijo nada más. Nadia se giró y comenzó a caminar, sintiendo su mirada perforándole la espalda a cada paso. Él no la siguió. No la detuvo. Pero tampoco dejó de mirarla, con el ceño fruncido, como si acabara de perder el control de algo… Y Massimo D’Amato no perdía el control. Nunca. Exhaló con fuerza y sacudió la cabeza antes de volver a entrar al salón. No miró a nadie, no dijo nada. Solo se dejó caer en la silla vacía que ella había ocupado minutos atrás. El eco de la puerta cerrándose a su espalda lo envolvió en un silencio denso. Pero en su mente no había silencio. En su mente, todo era ella.
"Esa mirada..." Ni siquiera sabía su nombre y ya tenía su rostro grabado en la piel. Su hermano se removió inquieto a su lado, pero él no le prestó atención. "Podría perderme en esos ojos."Apretó la mandíbula y cerró los ojos por un segundo. No. No podía darse el lujo de distraerse con una mujer. Menos ahora. Cuando la reunión terminó, los hermanos salieron sin decir una palabra y subieron al coche. Massimo arrancó con brusquedad, clavando la vista en la carretera. Por un rato, el único sonido en el auto fue el ronroneo del motor. Pero Luca nunca sabía cuándo quedarse callado.—Es preciosa, ¿verdad?
Massimo no apartó la vista del camino.
—¿Quién?
Luca bufó una risa sarcástica.
—No te hagas el imbécil. La chica de la ONG. Nunca te vi seguir a una mujer con tanta velocidad.
Massimo soltó un resoplido.
—Cállate.
—Solo digo que es la primera vez que corres detrás de una chica en vez de hacer que corran detrás de ti.
Massimo giró la cabeza y le lanzó una mirada fulminante.
—No seas idiota. Solo traté de arreglar la situación porque la incomodaste.
—Yo no la incomodé. Solo hice una observación —Luca sonrió con burla —Pero tú, hermano, no podías dejar de mirarla.
Massimo sintió un nudo apretarle el estómago.
—Basta.
—Se puso roja como un pu*to tomate cada vez que le clavabas los ojos.
Massimo apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—No me interesa.
—Claro… —Luca arrastró la palabra, disfrutando demasiado la situación —Por supuesto que no.
Massimo golpeó el volante con la palma de la mano.
—Tengo cosas más importantes de las que ocuparme.
Luca soltó una carcajada.
—Cierto. Como decidir con cuál de las mujeres de la élite casarte.
Massimo inspiró hondo, tratando de contener su irritación.
—Ya deja de decir estupideces.
—No son estupideces. Los rumores corren, hermano. Y no son buenos para el negocio.
Massimo giró la cabeza, mirándolo con dureza.
—¿Qué rumores?
Luca se encogió de hombros con una sonrisa burlona.
—Vamos, Massimo, no me hagas decirlo en voz alta.
El auto se llenó de un silencio tenso. Massimo apretó la mandíbula.
—Entoces hablas solo tonterías.
—¿El qué? ¿Los rumores son de que eres g*ay?
Massimo aceleró un poco más de la cuenta.
—Me importa una mie*rda lo que digan.
Luca lo miró de reojo y negó con la cabeza.
—Será mejor que empieces a jugar el juego o lo perderás todo, la abuela está empecinada en casarte.
Massimo no respondió. Porque no podía. Pco le importaban los rumores o lo que su hermano dijera al respecto. Lo único que le importaba, era lo que no se podía quitar de la mente; la imagen de Nadia alejándose, sin siquiera mirar atrás, que todavía lo quemaba por dentro.
Capítulo 44: El Corazón Oscuro del Nido del DragónPunto de Vista: KaelEl Nido del Dragón era una herida abierta en el sur del continente. Las cavernas de basalto, moldeadas por antiguas erupciones volcánicas, eran angostas, húmedas y traicioneras. El aire estaba saturado de polvo mineral y la desesperación de los que se escondían. Mi Disciplina luchaba por mantener el control en un entorno que era la antítesis del orden geométrico de Draconis.Avanzábamos en silencio absoluto. Éramos solo diez: Anya, yo, y ocho miembros de la Guardia de Élite, fantasmas vestidos de obsidiana. La estrategia era una locura controlada: usar la Compasión de Anya co
Capítulo 43: El Campo de Sal y la Primera SangrePunto de Vista: AnyaLa noche era una tela de terciopelo frío y húmedo sobre el continente. En el Salón de Mando Draconis, a cientos de kilómetros de la línea de fuego, el aire vibraba con una electricidad silenciosa, el zumbido de miles de corazones interconectados por la Disciplina de Kael. Pero lo que resonaba en mí no era Disciplina; era el grito primario de la Compasión enfrentándose a su destino.Estaba de pie junto a la terminal de comunicaciones, mis oficiales Ceniza en formación a mi espalda, una isla de calma en el océano de acero Draconis. Podía se
Capítulo 42: La Disciplina y el Peso de la Guerra TotalPunto de Vista: KaelEl Salón del Sol no era un lugar para la comodidad, sino para el poder. Sus paredes, construidas con bloques perfectos de obsidiana extraída de las profundidades de Draconis, absorbían toda la luz innecesaria, dejando solo la fría y geométrica fluorescencia de los paneles tácticos. Aquí, la Disciplina no era solo una ley, sino la propia arquitectura. Pero esta noche, la Disciplina se sentía menos como una herramienta y más como una armadura sofocante sobre mi alma.Acababa de ocurrir. Lyra, el último bastión
Capítulo 41: El Ataque en el Lamento y el Fracaso del OdioPunto de Vista: Lyra,El aire en la Montaña del Lamento era siempre frío, pero en el centro de mi fortaleza, cerca de los respiraderos geotérmicos, se sentía un calor artificial, un refugio para mi gente Ceniza. Sin embargo, ese calor no podía mitigar el frío de la duda que se había instalado en mi corazón.Había pasado un ciclo desde que Kael me había dado el ultimátum. Solo quedaban dos.Y había pasado medio ciclo desde que Marcus, la Mano de la Disciplina, regresó del destierro. Su informe, entregado por la propia Eris, no era un texto, sino un
Capítulo 40: El Ejecutor de la CompasiónPunto de Vista: MarcusEl hedor a miseria me golpeó antes que el viento. No era el olor limpio y frío de la nieve, sino una mezcla nauseabunda de enfermedad, ceniza húmeda y desesperanza. Las Tierras del Olvido. Un nombre adecuado para el cementerio de la Ley.Me detuve en la cresta, alzando la mano para detener la columna de cien carretas cargadas de provisiones. Detrás de mí, mis Guardias Draconis, cien figuras de acero y obediencia, esperaban en silencio. Su Disciplina era mi reflejo; su confusión, también. Jamás habíamos llevado pan a los traidores. Siempre la espada.La Compasión es la nueva espada, hab&ia
Capítulo 39: El Fuego Blanco Contra la DudaPunto de Vista: KaelLa ausencia de Anya no había sido de días, sino de unas pocas horas, pero el tiempo se había distorsionado. Mi estudio se sentía sofocante, el aire pesado con la Duda que el Exilio había inoculado en mi mente. El veneno no era que Anya me fuera infiel, sino que su Compasión —el motor de nuestra Unificación— fuera una herramienta estratégica, capaz de ser retirada o dirigida contra mí si la supervivencia de su gente lo dictaba.Ella me ve como el medio, no como el fin.La Le
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