Anabela había dormido tres horas en los últimos dos días, Max no había llamado desde que se fue y ella no iba a ser la primera en ceder, Eleanor cuidaba las bebés con expresión de desaprobación silenciosa que era peor que cualquier sermón. Ahora estaba sentada en la sala de visitas de máxima seguridad esperando que trajeran a Lila mientras el fiscal James Rodríguez revisaba documentos a su lado.
—¿Está segura de que quiere hacer esto? —preguntó por tercera vez.
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