POV Anabela
Y entonces lo vi.
No fue inmediato. No fue dramático. Fue peor.
Primero sentí ese tirón seco en el pecho, como si algo invisible me hubiese jalado hacia atrás. Luego el aire se volvió espeso. Irrespirable. Y recién entonces mis ojos lo encontraron.
Santiago.
De pie, seguro de sí mismo, con esa sonrisa que durante años confundí con carisma. Vestido impecable. Relajado. Como si jamás hubiera dejado a una mujer plantada frente a un altar lleno de gente. Como si no me hubiera destrozado