Mundo de ficçãoIniciar sessãoPara recuperar su corona, primero debió aprender a dormir con el lobo que juró destruir." Blair Wolf vivió cuatro años entregando su alma a la manada Colmillo de Plata, soportando el frio desprecio de su esposo, el Alfa Carmelo Moon, bajo la cruel etiqueta de "la Luna estéril". Pero el dolor alcanza su punto de quiebre cuando, tras la trágica pérdida de su único hijo, Carmelo la humilla ante toda la manada al anunciar el embarazo de su amante, Sasha. Despojada de su rango, de su hogar y con su loba Koda agonizando por la ruptura del vínculo, Blair es desterrada a una muerte segura bajo una tormenta implacable. Sin embargo, el destino tiene otros planes. En su momento más vulnerable, es rescatada por el hombre que su manada siempre llamó "monstruo": Nix Fang, el Alfa de la Luna Negra y el enemigo jurado de su pasado. En el territorio de Nix, Blair descubre que el respeto no se hereda, se gana con sangre. Mientras él la entrena para convertir su agonía en acero, una pasión oscura y prohibida comienza a surgir entre las sábanas del enemigo. Nix no solo busca saldar una vieja deuda con el padre de Blair; busca despertar a la verdadera Alfa que Carmelo intentó sofocar. Ahora, Blair deberá decidir: ¿Seguirá siendo la víctima de una historia de traición, o usará el calor del lecho de Nix para forjar la corona que le pertenece? En la guerra por el poder, el deseo es el arma más peligrosa.
Ler maisLa sala del consejo de la manada Colmillo de Plata estaba a reventar. El aire era pesado, saturado por el olor a pino y el rancio aroma de la expectación. Blair Wolf se mantenía de pie junto al trono de madera tallada, con las manos entrelazadas frente a ella para ocultar el temblor que recorría sus dedos.
Llevaba cuatro años ocupando ese lugar como Luna, cuatro años de silencio y de soportar las miradas de lástima de los guerreros y las burlas susurradas de las omegas. Ser una Luna "inútil" en una manada de lobos era una sentencia de muerte social.
—¿Estás segura de lo que vas a decir, Carmelo? —susurró Blair, buscando la mirada de su esposo.
El Alfa Carmelo Moon ni siquiera la miró. Su mandíbula estaba tensa y sus ojos oscuros brillaban con una excitación que Blair no había visto en años. Él se puso de pie, y el silencio en la sala se volvió absoluto.
—¡Manada Colmillo de Plata! —la voz de Carmelo retumbó, cargada con la autoridad del Alfa—. Durante años, hemos esperado un heredero. Hemos sufrido la sombra de la esterilidad que ha debilitado nuestro linaje.
Blair sintió un pinchazo en el pecho. Sus ojos se nublaron. Hacía apenas tres meses que habían enterrado a su único hijo después de aquel fatídico accidente en el barranco. El dolor seguía vivo, quemando sus entrañas, pero para Carmelo, ese hijo ya no contaba. Solo contaba el futuro.
—¡Pero hoy, el destino nos sonríe! —continuó él, extendiendo una mano hacia la puerta lateral—. Sasha, ven aquí.
La multitud jadeó. Sasha, una joven loba de pelaje rojizo y mirada astuta, caminó hacia el estrado con una sonrisa triunfal. Blair sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Sasha lleva en su vientre al futuro Alfa de esta manada —declaró Carmelo, rodeando la cintura de la amante con posesividad—. Ella ha demostrado la fertilidad que otros no pudieron darnos.
—Carmelo, ¿qué estás haciendo? —Blair dio un paso al frente, con la voz quebrada por la incredulidad—. Soy tu esposa. Soy tu Luna. Acabamos de perder a nuestro hijo...
—¡Cállate! —le espetó él, volviéndose hacia ella con una mirada llena de odio—. Ese niño fue una debilidad, igual que tú. No permitiré que tu vientre seco siga maldiciendo mi estirpe.
Las risas de algunas mujeres en la primera fila cortaron el aire como cuchillos. Blair reconoció a las seguidoras de Sasha; siempre habían esperado este momento.
—Por lo tanto —gritó Carmelo para que todos escucharan—, yo, el Alfa Carmelo Moon, repudio a Blair Wolf como mi Luna. A partir de este momento, queda despojada de su rango, de su nombre y de su hogar.
El vínculo de pareja, esa conexión mística que los unía, se tensó violentamente. En la mente de Blair, su loba Koda dejó escapar un aullido de agonía. Era como si le arrancaran el corazón con las manos desnudas.
—¡No puedes hacerme esto! —gritó Blair, cayendo de rodillas mientras se presionaba el pecho—. ¡Te di todo!
—No me diste nada que un Alfa necesite —respondió él con frialdad—. Sasha ocupará tu habitación ahora mismo. Tienes diez minutos para recoger tus harapos y salir de mi territorio.
—Pero está lloviendo... hay lobos solitarios en la frontera... —sollozó ella, mirando a los ancianos de la manada buscando piedad. Nadie movió un dedo.
—¡Fuera! —rugió Carmelo, usando su voz de mando.
Blair fue arrastrada fuera del gran salón por dos guardias que antes le juraban lealtad. La lluvia la recibió con un impacto helado en cuanto la lanzaron fuera de los límites de la mansión. Sus vestidos finos se empaparon en segundos, pegándose a su cuerpo herido.
"Koda, por favor, ayúdame", suplicó internamente. Pero su loba apenas respiraba. El rechazo de Carmelo había infectado el vínculo, drenando la energía vital de ambas.
Corrió. No sabía hacia dónde, solo sabía que debía alejarse de las burlas que aún resonaban en la mansión. El barro salpicaba sus piernas y el frío calaba hasta sus huesos. Blair tropezó con una raíz y cayó de bruces, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca.
De repente, un gruñido bajo y vibrante hizo que se le erizara la piel.
Tres lobos solitarios, de aspecto famélico y ojos amarillentos, emergieron de entre los matorrales. Estaban en la "tierra de nadie", la frontera peligrosa que separaba a los Colmillo de Plata de la manada Luna Negra.
—Vaya, vaya —gruñó uno de ellos, transformándose a medias en un hombre deforme—. La Luna se ha caído del cielo. Parece que tendremos un festín real esta noche.
Blair intentó transformarse, pero su loba estaba demasiado débil. Se arrastró hacia atrás, con la espalda contra un árbol viejo, mientras los solitarios cerraban el círculo. Uno de ellos se lanzó hacia su cuello.
Blair cerró los ojos, esperando el final.
Pero el impacto nunca llegó. En su lugar, un crujido de huesos rotos y un alarido de dolor llenaron el bosque. Blair abrió los ojos y vio una masa de pelaje negro azabache, un lobo gigante, despedazando al solitario con una ferocidad aterradora.
El lobo negro se deshizo de los otros dos en cuestión de segundos. Luego, comenzó a transformarse.
Bajo la lluvia torrencial, emergió la figura de un hombre joven, de unos 26 años, con hombros anchos y una mirada tan oscura como la noche. Blair se tensó, reconociendo las facciones afiladas y la cicatriz que cruzaba levemente su ceja.
Era él. El hombre al que su padre le había prohibido ver. El hombre que Carmelo más odiaba en el mundo.
—¿Nix? —susurró ella, con la visión empezando a fallar.
Nix Fang se acercó a ella. No había piedad en su rostro, solo una intensidad que quemaba más que el frío. Se inclinó, tomándola del mentón con dedos firmes.
—Te ves fatal, Blair —dijo él con una voz ronca y profunda—. Parece que tu Alfa finalmente decidió tirar la basura.
—Mátame de una vez... —logró decir ella antes de que la oscuridad la reclamara.
Nix la observó un momento en silencio. Luego, la levantó en brazos como si no pesara nada, sintiendo el calor que aún emanaba de su cuerpo herido contra su pecho.
—No voy a matarte —susurró él contra su oído, mientras caminaba hacia su territorio—. Voy a cobrarme la deuda que tu familia tiene conmigo. Y tú vas a ser la que pague el precio.
Blair se desmayó por completo, sin saber que acababa de entrar en la guarida del lobo que cambiaría su destino para siempre.
La mansión de la Luna Negra nunca había brillado tanto. El salón estaba a reventar de lobos que, tras ver a Blair sobrevivir al ritual, ahora aullaban su nombre con un respeto que bordeaba el temor. La ceremonia había sido breve pero cargada de poder: Nix, ante los Ancianos humillados, la había nombrado oficialmente la Luna de la Manada, sellando su destino con un collar de diamantes negros y sangre de ambos.Pero mientras los invitados bebían hidromiel y celebraban, Nix no podía apartar los ojos de Blair. Ella lucía un vestido de seda blanca que contrastaba con el rojo de su marca y la fiereza de su mirada.—Ya ha sido suficiente teatro, Luna —le susurró Nix al oído, su aliento caliente provocándole un escalofrío—. Si me quedo un minuto más fingiendo que me importa la diplomacia, voy a arrancarle el vestido a alguien frente a todo el Consejo.Blair sonrió con malicia, entrelazando sus dedos con los de él. —Pensé que el Alfa tenía más autocontrol.—No contigo. Nunca contigo.Nix la to
Tras el fragor del ritual, el silencio del bosque se sentía como una bendición. Nix no la llevó a la fría mansión de piedra, sino a un claro recóndito conocido como el "Refugio de la Diosa", un lugar donde el agua de un manantial termal brotaba entre las rocas, creando una bruma cálida bajo la luz de la luna llena.Nix depositó a Blair sobre un lecho de pieles y musgo, justo a la orilla del agua. Ella estaba débil, pero sus ojos azules brillaban con una claridad nueva. El Alfa se irguió y, con un rugido que hizo vibrar los árboles pero que no contenía amenaza, lanzó una orden mental definitiva.—¡Fenris, atrás! ¡Koda, silencio! —la voz de Nix en el vínculo fue un comando de acero—. Esta noche no hay lobos. Esta noche solo somos nosotros. Ni un pensamiento, ni un instinto. Dejadnos.Por primera vez, el ruido constante de sus naturalezas salvajes se apagó. El silencio en sus mentes fue absoluto. Eran solo Nix y Blair.—Estás herida —susurró Nix, arrodillándose entre sus piernas con una
El Pico de los Lamentos estaba envuelto en una niebla gélida que parecía morder los huesos. Los siete Ancianos esperaban en un círculo de antorchas, cuyas llamas azules bailaban con un viento que traía ecos de aullidos antiguos.—Las reglas son sagradas, Alfa —sentenció Theron, bloqueando el paso de Nix con su báculo—. El Ritual de la Sangre y la Ceniza es una prueba de alma individual. Si tu presencia o tu olor interfieren, el vínculo de sangre corromperá el juicio de la Luna. Debes retirarte al pie de la montaña. No puedes verla, no puedes oírla. Solo el vínculo dirá si sobrevive.Nix rugió, y sus colmillos se asomaron con una furia salvaje.—Si ella muere en ese círculo por vuestra negligencia, bajaré de esta montaña y no quedará un solo Anciano con vida para contar la historia —amenazó Nix, su voz resonando como un trueno.Blair le puso una mano en el pecho, calmando el temblor de sus músculos.—Vete, Nix —susurró ella, aunque sus propios labios temblaban por el frío—. Si no lo ha
La mañana siguiente a su noche de paz absoluta, el aire en la mansión de la Luna Negra se sentía denso, como si el propio edificio estuviera conteniendo la respiración. Cuando Nix y Blair bajaron las escaleras, tomados de la mano, se encontraron con una escena que rompió el hechizo de su intimidad.Los siete Ancianos del Consejo estaban allí, formando un semicírculo perfecto en el salón principal. Sasha estaba de pie tras ellos, con una sonrisa triunfal que no auguraba nada bueno. Theron, el más anciano, dio un paso al frente, sosteniendo un antiguo báculo de madera de fresno.—Ya hemos tenido suficiente paciencia, Alfa —la voz de Theron resonó con una autoridad que no admitía réplicas—. Has marcado a esta mujer, has traído a una proscrita a nuestra casa y has desafiado nuestras leyes. Pero si ella ha de ser realmente la Luna de esta manada, debe someterse al Ritual de la Sangre y la Ceniza.Nix sintió que su lobo, Fenris, erizaba el pelaje en su interior. Dio un paso al frente, prote
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