Nix estaba en el claro profundo, descargando su fuerza contra un tronco de roble seco. Sus movimientos eran brutales, cada golpe de hacha resonaba como un trueno en el silencio del bosque. Había dejado a Blair descansando, pero su propia loba interna no lo dejaba en paz.De repente, un pinchazo eléctrico le atravesó la columna. Se detuvo en seco, soltando el hacha. No era su dolor. Era un miedo frío, un pánico que no le pertenecía, mezclado con un pinchazo agudo en el costado.—Blair... —gruñó Nix, sintiendo cómo su vínculo forzado con ella vibraba con una advertencia de muerte.Echó a correr hacia la mansión. Su instinto de Alfa le gritaba que su propiedad estaba en peligro. Al llegar al patio trasero, cerca de las caballerizas, se detuvo en seco.El oficial Kael, uno de sus hombres de confianza, estaba tirado en el suelo, gimiendo de dolor mientras se presionaba una herida abierta en el muslo. A pocos metros, Blair permanecía de pie, pálida como un espectro, con un cuchillo de caza
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