La Venganza de la luna en los brazos del enemigo
La Venganza de la luna en los brazos del enemigo
Por: A.V Wolf
Capitulo 1

La sala del consejo de la manada Colmillo de Plata estaba a reventar. El aire era pesado, saturado por el olor a pino y el rancio aroma de la expectación. Blair Wolf se mantenía de pie junto al trono de madera tallada, con las manos entrelazadas frente a ella para ocultar el temblor que recorría sus dedos.

Llevaba cuatro años ocupando ese lugar como Luna, cuatro años de silencio y de soportar las miradas de lástima de los guerreros y las burlas susurradas de las omegas. Ser una Luna "inútil" en una manada de lobos era una sentencia de muerte social.

—¿Estás segura de lo que vas a decir, Carmelo? —susurró Blair, buscando la mirada de su esposo.

El Alfa Carmelo Moon ni siquiera la miró. Su mandíbula estaba tensa y sus ojos oscuros brillaban con una excitación que Blair no había visto en años. Él se puso de pie, y el silencio en la sala se volvió absoluto.

—¡Manada Colmillo de Plata! —la voz de Carmelo retumbó, cargada con la autoridad del Alfa—. Durante años, hemos esperado un heredero. Hemos sufrido la sombra de la esterilidad que ha debilitado nuestro linaje.

Blair sintió un pinchazo en el pecho. Sus ojos se nublaron. Hacía apenas tres meses que habían enterrado a su único hijo después de aquel fatídico accidente en el barranco. El dolor seguía vivo, quemando sus entrañas, pero para Carmelo, ese hijo ya no contaba. Solo contaba el futuro.

—¡Pero hoy, el destino nos sonríe! —continuó él, extendiendo una mano hacia la puerta lateral—. Sasha, ven aquí.

La multitud jadeó. Sasha, una joven loba de pelaje rojizo y mirada astuta, caminó hacia el estrado con una sonrisa triunfal. Blair sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Sasha lleva en su vientre al futuro Alfa de esta manada —declaró Carmelo, rodeando la cintura de la amante con posesividad—. Ella ha demostrado la fertilidad que otros no pudieron darnos.

—Carmelo, ¿qué estás haciendo? —Blair dio un paso al frente, con la voz quebrada por la incredulidad—. Soy tu esposa. Soy tu Luna. Acabamos de perder a nuestro hijo...

—¡Cállate! —le espetó él, volviéndose hacia ella con una mirada llena de odio—. Ese niño fue una debilidad, igual que tú. No permitiré que tu vientre seco siga maldiciendo mi estirpe.

Las risas de algunas mujeres en la primera fila cortaron el aire como cuchillos. Blair reconoció a las seguidoras de Sasha; siempre habían esperado este momento.

—Por lo tanto —gritó Carmelo para que todos escucharan—, yo, el Alfa Carmelo Moon, repudio a Blair Wolf como mi Luna. A partir de este momento, queda despojada de su rango, de su nombre y de su hogar.

El vínculo de pareja, esa conexión mística que los unía, se tensó violentamente. En la mente de Blair, su loba Koda dejó escapar un aullido de agonía. Era como si le arrancaran el corazón con las manos desnudas.

—¡No puedes hacerme esto! —gritó Blair, cayendo de rodillas mientras se presionaba el pecho—. ¡Te di todo!

—No me diste nada que un Alfa necesite —respondió él con frialdad—. Sasha ocupará tu habitación ahora mismo. Tienes diez minutos para recoger tus harapos y salir de mi territorio.

—Pero está lloviendo... hay lobos solitarios en la frontera... —sollozó ella, mirando a los ancianos de la manada buscando piedad. Nadie movió un dedo.

—¡Fuera! —rugió Carmelo, usando su voz de mando.

Blair fue arrastrada fuera del gran salón por dos guardias que antes le juraban lealtad. La lluvia la recibió con un impacto helado en cuanto la lanzaron fuera de los límites de la mansión. Sus vestidos finos se empaparon en segundos, pegándose a su cuerpo herido.

"Koda, por favor, ayúdame", suplicó internamente. Pero su loba apenas respiraba. El rechazo de Carmelo había infectado el vínculo, drenando la energía vital de ambas.

Corrió. No sabía hacia dónde, solo sabía que debía alejarse de las burlas que aún resonaban en la mansión. El barro salpicaba sus piernas y el frío calaba hasta sus huesos. Blair tropezó con una raíz y cayó de bruces, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca.

De repente, un gruñido bajo y vibrante hizo que se le erizara la piel.

Tres lobos solitarios, de aspecto famélico y ojos amarillentos, emergieron de entre los matorrales. Estaban en la "tierra de nadie", la frontera peligrosa que separaba a los Colmillo de Plata de la manada Luna Negra.

—Vaya, vaya —gruñó uno de ellos, transformándose a medias en un hombre deforme—. La Luna se ha caído del cielo. Parece que tendremos un festín real esta noche.

Blair intentó transformarse, pero su loba estaba demasiado débil. Se arrastró hacia atrás, con la espalda contra un árbol viejo, mientras los solitarios cerraban el círculo. Uno de ellos se lanzó hacia su cuello.

Blair cerró los ojos, esperando el final.

Pero el impacto nunca llegó. En su lugar, un crujido de huesos rotos y un alarido de dolor llenaron el bosque. Blair abrió los ojos y vio una masa de pelaje negro azabache, un lobo gigante, despedazando al solitario con una ferocidad aterradora.

El lobo negro se deshizo de los otros dos en cuestión de segundos. Luego, comenzó a transformarse.

Bajo la lluvia torrencial, emergió la figura de un hombre joven, de unos 26 años, con hombros anchos y una mirada tan oscura como la noche. Blair se tensó, reconociendo las facciones afiladas y la cicatriz que cruzaba levemente su ceja.

Era él. El hombre al que su padre le había prohibido ver. El hombre que Carmelo más odiaba en el mundo.

—¿Nix? —susurró ella, con la visión empezando a fallar.

Nix Fang se acercó a ella. No había piedad en su rostro, solo una intensidad que quemaba más que el frío. Se inclinó, tomándola del mentón con dedos firmes.

—Te ves fatal, Blair —dijo él con una voz ronca y profunda—. Parece que tu Alfa finalmente decidió tirar la basura.

—Mátame de una vez... —logró decir ella antes de que la oscuridad la reclamara.

Nix la observó un momento en silencio. Luego, la levantó en brazos como si no pesara nada, sintiendo el calor que aún emanaba de su cuerpo herido contra su pecho.

—No voy a matarte —susurró él contra su oído, mientras caminaba hacia su territorio—. Voy a cobrarme la deuda que tu familia tiene conmigo. Y tú vas a ser la que pague el precio.

Blair se desmayó por completo, sin saber que acababa de entrar en la guarida del lobo que cambiaría su destino para siempre.

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