Las celdas de la torre norte eran pozos de piedra húmeda donde el invierno parecía echar raíces. Blair estaba sentada en un rincón, sobre un jergón de paja podrida, abrazándose las rodillas. No había llorado. El dolor del vínculo con Carmelo la había vaciado de lágrimas hacía mucho tiempo; lo que sentía ahora era una decepción gélida que le entumecía el alma.
El sonido de botas pesadas resonó en la escalera de caracol. Blair no levantó la vista. Sabía quién era por la forma en que el aire se ca