La mansión de la Luna Negra nunca había brillado tanto. El salón estaba a reventar de lobos que, tras ver a Blair sobrevivir al ritual, ahora aullaban su nombre con un respeto que bordeaba el temor. La ceremonia había sido breve pero cargada de poder: Nix, ante los Ancianos humillados, la había nombrado oficialmente la Luna de la Manada, sellando su destino con un collar de diamantes negros y sangre de ambos.
Pero mientras los invitados bebían hidromiel y celebraban, Nix no podía apartar los oj