Tras el fragor del ritual, el silencio del bosque se sentía como una bendición. Nix no la llevó a la fría mansión de piedra, sino a un claro recóndito conocido como el "Refugio de la Diosa", un lugar donde el agua de un manantial termal brotaba entre las rocas, creando una bruma cálida bajo la luz de la luna llena.
Nix depositó a Blair sobre un lecho de pieles y musgo, justo a la orilla del agua. Ella estaba débil, pero sus ojos azules brillaban con una claridad nueva. El Alfa se irguió y, con