Cap 2

El calor fue lo primero que Blair sintió. Un calor seco, con olor a leña quemada y sándalo, que contrastabac con el frío mortal que casi le arranca la vida en el bosque. Intentó moverse, pero un gemido de dolor escapó de sus labios. Sentía cada fibra de su cuerpo como si hubiera sido molida a golpes.

Abrió los ojos lentamente. El techo era de vigas de madera oscura y las paredes estaban cubiertas de piedra tosca. No era su habitación en la manada Colmillo de Plata. Esta cama era mucho más grande, cubierta con pesadas pieles de lobo negro que acariciaban su piel desnuda.

Se tensó al darse cuenta: estaba desnuda bajo las mantas.

—Al fin despiertas.

La voz ronca la hizo saltar. Blair se encogió, pegando la espalda contra el cabezal de la cama mientras se cubría el pecho con las pieles.

Nix Fang estaba sentado en un sillón de cuero frente a la chimenea, observándola con una copa de cristal en la mano. No llevaba camisa, dejando a la vista un torso lleno de cicatrices de batalla y el tatuaje de un lobo aullando que recorría su hombro hasta el pectoral.

—¿Dónde estoy? —preguntó Blair, con la voz apenas como un susurro.

—En mi habitación. En la manada Luna Negra —respondió Nix, poniéndose de pie con una elegancia depredadora—. Mis curanderas te limpiaron las heridas. Estás viva de milagro.

Blair recordó de golpe la humillación de Carmelo, el anuncio del embarazo de Sasha y el desprecio en los ojos de su pueblo. El dolor emocional fue más fuerte que el de sus heridas.

—¿Por qué me ayudaste? —Blair lo miró con desconfianza—. Me odias. Mi manada y la tuya han estado en guerra por décadas.

Nix se acercó a la cama. Se inclinó sobre ella, apoyando una mano a cada lado de sus hombros, atrapándola en su espacio personal. Blair podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo y el aroma intenso a bosque y poder.

—No te equivoques, Blair —dijo él, con los ojos brillando en un tono ámbar peligroso—. No te rescaté por caridad. Tu padre le debía un favor de sangre al mío, y ahora tú eres la única que queda para pagarlo.

—Soy una exiliada. No tengo nada —respondió ella, intentando sostenerle la mirada—. Carmelo me quitó todo. Mi rango, mi hijo... incluso a mi loba.

Nix soltó una risa seca, sin rastro de humor.

—Carmelo es un idiota que no sabe lo que tiene —su mano subió, rozando con el pulgar la mandíbula de Blair—. En esta manada, el respeto no se hereda con un título de "Luna". Aquí, la lealtad se gana con colmillos y sangre.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó ella, sintiendo cómo su corazón martilleaba contra sus costillas.

—Entrenamiento —sentenció Nix, alejándose de ella—. Te voy a enseñar a pelear como una verdadera loba. Te voy a enseñar a sobrevivir sin ese vínculo mediocre que te unía a un Alfa cobarde.

Blair bajó la mirada a sus manos.

—Koda está muriendo. Si el vínculo se rompe del todo, yo moriré con ella.

—Entonces lucha —Nix caminó hacia la puerta—. Tienes dos horas para comer y vestirte. Te espero en el campo de entrenamiento. Si no llegas, te lanzaré de vuelta a la frontera para que los solitarios terminen el trabajo.

—¡Estoy herida! —protestó ella, señalando las vendas en su hombro.

Nix se detuvo antes de salir y la miró por encima del hombro. Su mirada recorrió el cuerpo de Blair con una mezcla de posesividad y desafío.

—En la cama de un enemigo, las heridas se curan rápido o te matan —dijo él con frialdad—. Elige cuál de las dos quieres hoy.

La puerta se cerró con un golpe seco, dejando a Blair sola con su rabia y un extraño fuego que comenzaba a arder en su pecho. Por primera vez en cuatro años, alguien no la miraba con lástima, sino como una amenaza que necesitaba ser pulida.

Blair se obligó a levantarse. Le dolía todo, pero la imagen de Carmelo y Sasha burlándose de ella le dio la fuerza que necesitaba.

"Koda", llamó en su mente. Esta vez, recibió un pequeño gruñido de respuesta. Era débil, pero estaba allí.

Dos horas después, Blair llegó al campo de entrenamiento. El lugar era un claro rodeado de pinos altos donde decenas de guerreros de la Luna Negra luchaban entre sí. Todos se detuvieron cuando la vieron pasar. Los susurros empezaron de inmediato.

Nix estaba en el centro, golpeando un saco de arena con una fuerza brutal. Se detuvo al verla y le lanzó un par de dagas de entrenamiento.

—Llegas tarde —dijo él, sin rastro de suavidad.

—Vine, ¿no? —respondió Blair, atrapando las dagas a pesar del dolor en su hombro.

—Atácame —ordenó Nix, poniéndose en guardia—. Si logras tocarme antes de que el sol se ponga, te dejaré dormir en una habitación privada. Si no, dormirás en mi cama, donde pueda vigilar cada uno de tus respiros.

Blair apretó los dientes. No era solo un entrenamiento; era un juego de seducción y poder donde Nix Fang tenía todas las de ganar. Pero él no sabía una cosa: una loba que lo ha perdido todo es la criatura más peligrosa del bosque.

Se lanzó hacia él con un grito, olvidando el dolor, enfocando toda su furia en el hombre que la desafiaba. Nix esquivó el primer golpe con facilidad, atrapando su brazo y pegando la espalda de Blair contra su pecho.

—Demasiado lenta, Luna —susurró él en su oído, haciendo que un escalofrío recorriera la columna de Blair—. ¿Es así como piensas recuperar lo que es tuyo?

Blair giró sobre sus talones, rozando la mejilla de Nix con la punta de la daga. Una línea roja de sangre apareció en la piel del Alfa.

Nix se tocó la herida y miró la sangre en sus dedos. Una sonrisa oscura y depredadora apareció en su rostro.

—Eso está mejor —dijo él, y antes de que ella pudiera reaccionar, la derribó sobre la arena, quedando encima de ella—. Pero vas a tener que hacerlo mucho mejor si quieres sobrevivir a lo que viene esta noche.

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