Nix estaba en el claro profundo, descargando su fuerza contra un tronco de roble seco. Sus movimientos eran brutales, cada golpe de hacha resonaba como un trueno en el silencio del bosque. Había dejado a Blair descansando, pero su propia loba interna no lo dejaba en paz.
De repente, un pinchazo eléctrico le atravesó la columna. Se detuvo en seco, soltando el hacha. No era su dolor. Era un miedo frío, un pánico que no le pertenecía, mezclado con un pinchazo agudo en el costado.
—Blair... —gruñó