Cap 5

La habitación de Nix estaba sumida en una penumbra gélida. Blair yacía sobre las sábanas negras, pero su piel se tornaba de un blanco azulado, casi translúcido. El calor de la chimenea no parecía alcanzarla. Su cuerpo era un trozo de mármol frío bajo los dedos de Elara, la curandera anciana de la Luna Negra.

Nix caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado. Cada vez que miraba el rostro inerte de Blair, su mandíbula se tensaba un poco más.

—¿Por qué está tan fría? —preguntó Nix, su voz resonando como un trueno contenido—. El vínculo duele, pero no congela la sangre de esta manera.

Elara suspiró, dejando caer un trapo empapado en hierbas sobre el pecho de la joven.

—No es solo el vínculo, Alfa —respondió la anciana, mirándolo con gravedad—. Carmelo no solo la despreciaba. La estaba matando lentamente mucho antes de expulsarla.

Nix se detuvo en seco, sus ojos brillando con una luz peligrosa.

—Habla claro, Elara.

—Tiene restos de acónito plateado en el torrente sanguíneo —sentenció la curandera—. Pequeñas dosis administradas durante meses, quizás años. Es un veneno que debilita la conexión con la loba y causa infertilidad.

Nix golpeó la pared de piedra con el puño, dejando una grieta en la superficie.

—Maldito cobarde —gruñó Nix—. La culpaba de ser estéril mientras él mismo la envenenaba para asegurar que no tuviera un heredero que él no pudiera controlar.

—Ahora que el vínculo se está rompiendo, el veneno ha aprovechado su debilidad para atacar el corazón —explicó Elara—. Si no neutralizamos el acónito, Blair no verá el amanecer.

De repente, la puerta se abrió con brusquedad. Theron entró, todavía con la respiración agitada del entrenamiento. Su mirada se desvió de inmediato hacia el cuerpo inmóvil de Blair sobre la cama.

—Alfa, los hombres preguntan qué haremos con ella —dijo Theron, dando un paso hacia el lecho—. Si va a morir, es mejor entregar su cuerpo a la frontera y evitar problemas con Colmillo de Plata.

Nix no respondió. Observó cómo Theron se acercaba más de lo necesario a Blair, extendiendo una mano para rozar el hombro descubierto de la joven.

—Es una lástima —susurró Theron, sus ojos recorriendo la piel de Blair con una lascivia mal disimulada—. Tan hermosa y tan inútil. Al menos podríamos habernos divertido un poco con ella antes de que se enfríe del todo.

La mano de Theron estaba a milímetros de tocarla cuando Nix se movió. Fue un borrón de velocidad sobrenatural.

En un parpadeo, Nix tenía a Theron contra la pared, sujetándolo del cuello con una sola mano. Los pies del beta dejaron de tocar el suelo.

—Dije que no volvieras a ponerle una mano encima —la voz de Nix era un susurro mortal—. ¿Acaso crees que mis órdenes son sugerencias, Theron?

—Alfa... yo solo... —Theron pataleó, con el rostro tornándose púrpura.

—Ella es mi responsabilidad. Mi deuda —gruñó Nix, apretando más el agarre—. Y si vuelves a mirarla con ese hambre en los ojos, te arrancaré las cuencas y te haré tragártelas. ¿Queda claro?

Theron asintió frenéticamente. Nix lo soltó y el beta cayó al suelo, tosiendo y jadeando.

—Fuera de aquí —ordenó Nix sin mirarlo—. Y dile a la manada que si alguien más entra en esta habitación sin mi permiso, no llegará vivo a la cena.

Theron salió trastabillando, cerrando la puerta tras de sí. Nix se volvió hacia la cama y se sentó al borde, tomando la mano helada de Blair entre las suyas.

—Elara, ¿cómo neutralizamos eso? —preguntó Nix, su voz ahora suave, casi rota.

—Necesita un choque de energía pura de un Alfa —respondió la curandera mientras recogía sus cosas—. El veneno se alimenta de su aislamiento. Debes compartir tu calor con ella, Nix. No solo piel con piel, sino alma con alma.

—¿Quieres que fuerce un vínculo temporal? —Nix frunció el ceño.

—Es la única forma de que su loba, Koda, despierte y luche contra el acónito —Elara caminó hacia la salida—. Pero ten cuidado. Una vez que entres en su mente, sentirás todo su dolor. Y ella sentirá el tuyo.

Nix se quedó solo con Blair. Observó sus labios pálidos y recordó a la chica fuerte que solía ser. Lentamente, se deshizo de su camisa y se deslizó en la cama a su lado. La rodeó con sus brazos, pegando su torso cálido contra la espalda gélida de ella, sintiendo cómo Blair se estremecía inconscientemente ante el contacto.

—No te vas a ir así, Blair —susurró Nix contra su nuca, cerrando los ojos para empezar la transferencia de energía—. No me dejes solo en esta guerra.

Nix concentró su poder, dejando que su aura de Alfa invadiera el espacio de Blair. De repente, una visión lo golpeó: Blair llorando sobre una cuna vacía mientras Carmelo le gritaba en la distancia. El dolor de ella era una marea negra que amenazaba con ahogarlo.

—Lucha, loba —le pidió Nix en su mente, apretándola más fuerte—. ¡Lucha por tu corona!

Blair soltó un jadeo profundo y sus ojos se abrieron de golpe, aunque estaban inyectados en sangre. Se giró en sus brazos, buscando desesperadamente su calor, aferrándose a los hombros de Nix como si fuera su única tabla de salvación en medio del océano.

—¿Nix? —susurró ella, su voz apenas un hilo.

—Aquí estoy —respondió él, rozando su frente con la de ella—. No te sueltes. El veneno está saliendo, pero tienes que aguantar.

Blair lo miró, y por un segundo, la conexión fue tan intensa que ambos pudieron ver los secretos más oscuros del otro. Ella vio la soledad de Nix; él vio el incendio de su venganza.

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