Kael
El sonido de su nombre en otra boca me desgarró. Giré la cabeza y lo vi abrirse paso entre la gente: un hombre alto, de traje claro, el rostro endurecido por la rabia. Lo había visto antes, en informes, en archivos oscuros. Dorian Laskaris. Mano derecha de Anya.
Y cuando supe quién era, lo siguiente fue casi automático: su mano bajó al costado, la pistola brilló al reflejo de las luces del festival y su mirada se clavó en mí como una sentencia.
El mundo estalló.
Me moví antes de pensar.
Lo