Kael
Esa noche el mar rugía como si supiera lo que estaba pasando dentro de mí.
El viento golpeaba los ventanales de la villa que Dimitri me había prestado, y cada ola que chocaba contra las rocas parecía recordarme lo mismo: Danae estaba viva… y yo había estado viviendo una mentira.
Me serví un vaso de whisky, aunque ya no sentía su sabor.
Seguía viendo su rostro, su confusión, esa forma en que me miró cuando le dije que era su esposo. Había terror, sí, pero también un brillo… un destello fuga