Kael
La noche olía a tormenta.
A esa calma artificial que precede al caos, al olor metálico del peligro que uno aprende a reconocer cuando lleva años caminando entre sombras.
La ciudad dormía, o fingía hacerlo, mientras mis hombres y yo nos movíamos entre las calles estrechas del puerto abandonado.
Sabía que él estaría ahí.
Mi padre.
El hombre que me enseñó a matar antes de enseñarme a vivir.
El mismo que destruyó a mi familia… y que ahora había regresado para terminar lo que empez