Danae
La isla estaba envuelta en un aire festivo desde temprano. Desde mi ventana podía ver las guirnaldas de colores que cruzaban la plaza principal, las luces danzando con el viento, los puestos de comida llenos de aromas a pan recién horneado, a miel, a especias. El sonido de la música tradicional flotaba en el aire, alegre y contagioso.
Y, sin embargo, yo no sentía deseos de salir.
A Dorian nunca le gustaban esas cosas. Decía que los festivales eran una pérdida de tiempo, que las multitud