El espejo me devolvía un reflejo que apenas reconocía. El vestido largo de seda color esmeralda me envolvía como una segunda piel, resaltando cada curva, cada latido de inseguridad y fuerza que se mezclaban dentro de mí. Kael había insistido en que lo acompañara aquella noche.
—Solo una noche, Danae. Olvida el resto. —sus palabras aún resonaban en mi cabeza mientras me colocaba los pendientes que había elegido.
Olvidar… ¿cómo podía hacerlo? Con Anya rondando como un fantasma hecho carne, con el