Danae
El despertador sonó, pero me quedé inmóvil bajo las sábanas. No había prisa, ni juntas con clientes, ni proveedores llamando a última hora. Por primera vez en mucho tiempo había decidido tomarme un respiro. El mundo podía esperar: hoy sería solo para Sofía, Lucas y yo.
Sentí un pequeño cuerpecito trepar a mi cama, y al abrir los ojos me encontré con Sofía, con el cabello revuelto y las mejillas todavía sonrojadas del sueño.
—Mami… —dijo en un susurro arrastrado—, ¿no vas a trabajar?
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