Kael
La habitación estaba en penumbras cuando Matteo entró, cerrando la puerta con la cautela de un hombre que sabe que lleva algo demasiado valioso entre las manos. Yo permanecía de pie frente a la ventana, con la ciudad extendiéndose frente a mí como un tablero de ajedrez. Todo parecía en calma desde esa altura: las luces, el tráfico, la vida que seguía su curso. Pero yo no podía engañarme. Mi mundo estaba nuevamente al borde de romperse.
Extendí la mano, mostrándole el pequeño sobre blanco q